Te devuelvo la libertad
que generosamente
me entregaste,
según proclamaste,
junto con el amor,
la consiguiente fidelidad,
que ante el altar
de aquella vieja iglesia,
tu voz llegó a enunciar.
Te devuelvo las promesas
que después me hiciste,
de sincerarte,
de buscar conmigo
la felicidad,
de hallar un lugar
para los dos compartirlo
que nadie nos pudiera quitar.
Todo ello te lo entrego
sin pedir explicación,
porque, qué puedes aducir
que mi mente
ya no me hubiera planteado,
si te he llegado a conocer mejor
que a la sombra que me sigue,
paso a paso,
desde que se levanta el sol
hasta el ocaso.
Tuve la paciencia de un santo;
la credulidad de un niño
por cuentos de hadas fascinado,
hasta que me revolví y dije:
“No, esto se ha terminado”.
En un paquete,
incluso adornado con un lazo,
te devuelvo todos los besos traidores
que entregaste,
todas las mentiras
que tus labios exhalaron,
además de las puñaladas de dolor,
que por la espalda me causaste.
Y lo hago ya,
sin resentimiento,
porque la vida
ha pasado por mi lado,
se ha cobrado su precio,
y en este momento,
no quiero perder más tiempo,
e indiferencia
para toda tu persona,
para cualquiera
de tus mínimos actos,
es lo que libremente
y con toda prodigalidad
te entrego,
como postrero regalo,
envuelto en un definitivo olvido
del todo deseado.
que generosamente
me entregaste,
según proclamaste,
junto con el amor,
la consiguiente fidelidad,
que ante el altar
de aquella vieja iglesia,
tu voz llegó a enunciar.
Te devuelvo las promesas
que después me hiciste,
de sincerarte,
de buscar conmigo
la felicidad,
de hallar un lugar
para los dos compartirlo
que nadie nos pudiera quitar.
Todo ello te lo entrego
sin pedir explicación,
porque, qué puedes aducir
que mi mente
ya no me hubiera planteado,
si te he llegado a conocer mejor
que a la sombra que me sigue,
paso a paso,
desde que se levanta el sol
hasta el ocaso.
Tuve la paciencia de un santo;
la credulidad de un niño
por cuentos de hadas fascinado,
hasta que me revolví y dije:
“No, esto se ha terminado”.
En un paquete,
incluso adornado con un lazo,
te devuelvo todos los besos traidores
que entregaste,
todas las mentiras
que tus labios exhalaron,
además de las puñaladas de dolor,
que por la espalda me causaste.
Y lo hago ya,
sin resentimiento,
porque la vida
ha pasado por mi lado,
se ha cobrado su precio,
y en este momento,
no quiero perder más tiempo,
e indiferencia
para toda tu persona,
para cualquiera
de tus mínimos actos,
es lo que libremente
y con toda prodigalidad
te entrego,
como postrero regalo,
envuelto en un definitivo olvido
del todo deseado.