marquelo
Negrito villero
Cuántos ojos
tiene el quehacer humano
cuando brinda con los restos arrojados
de los peces
con las conversaciones que flotan
en el lado más agrio de la espuma
y todo
para deliberar quien camina por las aceras
de la luna
o quien le roba el aullido al lobo
cuando corona el hueco de la cima.
Cuántos ojos
delante de los transistores que emiten
maquillajes
que se derriten con la lluvia
con el incesante vaivén de la verdad
oculta entre las flores.
Nadie vive ya en su universo plantando
corazones/para que exploten incondicionalidades en el aire/
fidelidades en el beso para que salten las caídas,
fuegos que no se asfixien
con el interés de los chismosos.
Nadie respira una manifestación contra
la expansión de la basura
acumulada en las esquinas más iluminadas de las urbes.
Nadie habla del derecho de la ciencia
a ventilarse entre las sienes.
Ni lo sagrado que debe llegar
al escalón que vitorean los laureles.
Todos son tiros de fuego que no hieren
las miradas que se fijan en las cumbres
ni quema a la palabra rescatada del olvido.
¿Y qué hacemos con este ripio que
contamina el aire trascendente de los cielos
con la estupidez tomando sol en las arenas?
No creo en la redención de tormentas frondosas
sin nidos
No creo en los discursos explotados por la cámara
ocultándo sus delitos en la sombra.
Es cierto/ somos humanos/ hacedores de botones
y salarios, incapaces de mantener los pilares oníricos
del cielo/
los valores acumulados en el torax,
el peso aritmético del abrazo.
Y así acaba el día nuestro de cada sandez
el fulgor enano de una esperanza perdida
para terminar
buscando, atónitos,
una respuesta en la boca del cielo.
Última edición: