Vitruvius
Poeta recién llegado
Aterido de frío y de nostalgia
el tiempo del dolor va diluyendo
tus ojos cuyo fondo no diviso
y asechan en mis pálidos inviernos.
En mil atardeceres cimarrones
te busco por las ciénagas del tiempo
y vuelve tu perfume de lavada
que brota de los tajos del recuerdo.
El río de tu risa dibujaba
extraños arabescos en el viento
la faz de tu silueta confundía
las fauces del rigor y el desaliento.
La vida era un enigma fabuloso,
mí amor un robledal en el desierto
el cielo se azulaba en la esperanza
del roce de mi mano con tu pecho.
No ignoro que el final estaba escrito
No ignoro la piedad de tu silencio
Espléndida luciérnaga de plata,
hermoso caramelo del infierno.
La suerte es caprichosa y algún día
tal vez no me envenenes los recuerdos
y pueda sonreírle a mis fantasmas
y pueda desgarrar mi manto negro.
el tiempo del dolor va diluyendo
tus ojos cuyo fondo no diviso
y asechan en mis pálidos inviernos.
En mil atardeceres cimarrones
te busco por las ciénagas del tiempo
y vuelve tu perfume de lavada
que brota de los tajos del recuerdo.
El río de tu risa dibujaba
extraños arabescos en el viento
la faz de tu silueta confundía
las fauces del rigor y el desaliento.
La vida era un enigma fabuloso,
mí amor un robledal en el desierto
el cielo se azulaba en la esperanza
del roce de mi mano con tu pecho.
No ignoro que el final estaba escrito
No ignoro la piedad de tu silencio
Espléndida luciérnaga de plata,
hermoso caramelo del infierno.
La suerte es caprichosa y algún día
tal vez no me envenenes los recuerdos
y pueda sonreírle a mis fantasmas
y pueda desgarrar mi manto negro.
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