tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
El tiempo se deja ver en la niebla, desde la profundidad de la muerte habrá que dar testimonio de ello.
El camino tardío restaura cada gota de incertidumbre, aunque sepan todos de su alternatividad, el tiempo, hará que la nada mute en dolor y finja una vida que no posee y que no poseyó jamás… Desdibujándose en los reflejos lunares, quizás ostente la vida que siempre pretendió exhibir.
Es preciso copiar el carraspear sigiloso de ése desguace perverso que nos hace comportar como presas atrapadas en nuestras horas trémulas.
Reptando en la noche, esquivando las horribilidades funestas que conspiran sus caras junto a los cristales resquebrajados de un desdén imaginario.
El decrecer del silencio nocturno, se me hunde en la carne, y hace trinar las vagas flexiones de mi estéril cuerpo.
La perspectiva sinérgico ruinosa, promete con presión punzante estar cerca de un dolor cósmico y suicida, que lo transformaría todo en miedo, incubando el aturullar de los ruidos híbridos que debiéramos enfrentar, en el supuesto caso en que deseemos escapar de aquí.
Tal vez nosotros mismos seamos un trozo de dolor, que ha caído en la nada y que ésta ha transmutado, otorgándonos cierta animalidad ensombrecida.
Nosotros los hijos del dolor, que vivimos en la nada, edificando una mortandad en el día a día, obsecuentes de lo extraño, vivificando la periodicidad de los sucesos impasibles.
Somos nosotros, la generación del dolor.
El camino tardío restaura cada gota de incertidumbre, aunque sepan todos de su alternatividad, el tiempo, hará que la nada mute en dolor y finja una vida que no posee y que no poseyó jamás… Desdibujándose en los reflejos lunares, quizás ostente la vida que siempre pretendió exhibir.
Es preciso copiar el carraspear sigiloso de ése desguace perverso que nos hace comportar como presas atrapadas en nuestras horas trémulas.
Reptando en la noche, esquivando las horribilidades funestas que conspiran sus caras junto a los cristales resquebrajados de un desdén imaginario.
El decrecer del silencio nocturno, se me hunde en la carne, y hace trinar las vagas flexiones de mi estéril cuerpo.
La perspectiva sinérgico ruinosa, promete con presión punzante estar cerca de un dolor cósmico y suicida, que lo transformaría todo en miedo, incubando el aturullar de los ruidos híbridos que debiéramos enfrentar, en el supuesto caso en que deseemos escapar de aquí.
Tal vez nosotros mismos seamos un trozo de dolor, que ha caído en la nada y que ésta ha transmutado, otorgándonos cierta animalidad ensombrecida.
Nosotros los hijos del dolor, que vivimos en la nada, edificando una mortandad en el día a día, obsecuentes de lo extraño, vivificando la periodicidad de los sucesos impasibles.
Somos nosotros, la generación del dolor.