Desahuciados de tu piel de pan y miel,
de tus líneas y
tus curvas y
tus ojos y
tus cejas.., acariciando el lado de tu cama; necios,
intentado retener entre ellos paso a paso aquella
tarde en la que fuiste para ellos tierra y
cielo, aroma y
agua.., penando de recuerdo y
nada, de locura duda y
todo,
enredándose con el fantasma del aguacero
que es tu pelo y
la visión de tus caderas que se repite como eco
en cada parpadeo, en cada sueño,
en la ansiedad que causa la desesperanza
de que no regreses,
como ramas secas bajo una pisada crujen y
arden como leña verde al saber que saben
que te han acariciado y
conocen el lugar exacto en dónde duermen cual
luceros cada uno de los lunares de tu espalda