Troto
Pablo Romero Parada
Interno en un centro geriátrico, aprovechó que se sentía especialmente bien para tirarse por la ventana. No os equivoquéis, el hombre ya no tenía fuerzas ni para escribir. Hacía tiempo que la enfermera confiaba en él, así que no le subió las baldas aquella noche.
Años atrás, acabó de recopilar todos los versos que le había dado tiempo a escribir. Con ellos, hizo un resumen de los mejores, tratando de contar su vida a través de ellos. Por cada hoja, un poema, y bajo cada poema, el año en el que lo había escrito. El título del libro fue: Otro puto libro de poemas de mierda. Al final de este, había un sobre en el que ponía: “Abrir después de defunción”, por su puesto, las enfermeras abrieron el sobre poco después de que empezará a enfermar (basta decir que ninguna de ellas se leyó más de dos jodidos poemas de aquel libro). En el interior del sobre había una carta en la que ponía: “este libro es mi biografía, el resto de los poemas los guardo en una carpeta del OpenOffice, no los he querido tirar por si a algún mal nacido le interesa algo de mi obra y consigue que mis poemas sean leídos por un par de personas más; dicho esto, si alguna vez me recupero de esta enfermedad de mierda, pienso tirar la carta y seguir escribiendo”.
A veces pienso que la enfermera dejó las baldas bajadas, el cinturón sin poner, y la ventana abierta aquella noche por algún motivo. Ella seguro que se leyó sus poesías.
Años atrás, acabó de recopilar todos los versos que le había dado tiempo a escribir. Con ellos, hizo un resumen de los mejores, tratando de contar su vida a través de ellos. Por cada hoja, un poema, y bajo cada poema, el año en el que lo había escrito. El título del libro fue: Otro puto libro de poemas de mierda. Al final de este, había un sobre en el que ponía: “Abrir después de defunción”, por su puesto, las enfermeras abrieron el sobre poco después de que empezará a enfermar (basta decir que ninguna de ellas se leyó más de dos jodidos poemas de aquel libro). En el interior del sobre había una carta en la que ponía: “este libro es mi biografía, el resto de los poemas los guardo en una carpeta del OpenOffice, no los he querido tirar por si a algún mal nacido le interesa algo de mi obra y consigue que mis poemas sean leídos por un par de personas más; dicho esto, si alguna vez me recupero de esta enfermedad de mierda, pienso tirar la carta y seguir escribiendo”.
A veces pienso que la enfermera dejó las baldas bajadas, el cinturón sin poner, y la ventana abierta aquella noche por algún motivo. Ella seguro que se leyó sus poesías.
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