Arkeidos
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dame una luz en tu sonrisa de labios dulces.
Entrégame la inspiración más limpia y pura
a través de tus ojos penetrantes
y firmes como las tinieblas
que gobiernan tus retinas;
más dos luceros tiemblan como dos chispas de vida
dentro de tus cuencas agraciadas con dos ojos negros.
Hechízame con el destello de tus ojos de estrella,
aquellos que aparecen cuando resplandeces
ante el misterio de la mágica luz que te persigue.
Te acecha una lluvia de sombras tristes
y arde tu piel de sol
degollando sus cabezas de espanto
al detonar la esfera de tu sangre dorada.
Niña rara
extraño el chillido de tu risa aun más rara.
Para mí era como una melodía
que vencía la sequia de mi corazón de desierto.
Venga el agua de tu paz
a llevarse toda la oscuridad
que me ahoga.
Dame el agua de tu alma
a través de tus labios anaranjados.
Déjame acariciar el mar de tus cabellos cortos
cubiertos de llamas amarillas.
Y a través de sus puntas
sentir el eléctrico fluir de tu espíritu;
tanta energía me desintegra
hasta parecer un fantasma pálido
a la sombra de tus bellísimas piernas
que acecho con locura.
Soy un latido cansado.
Soy una piel de piedra áspera
que colecciona el pasar de los años de agua.
Tú eres la juventud integra
un rayo de poderoso vigor.
Cuando morí empecé a vivir
y cuando vuelvo a morir
soy un rayo de resurrección.
En la tierra y sus cimientos esta mi fuerza.
En el origen de esta realidad yace mi voluntad
y en el cielo descansa la quimera de mis sueños.
En mi pecho habita
el vacio de un abismo de remolinos.
Tú te llevaste mi corazón
y quizás lo arrojaste al espacio
perdiéndose entre mis estrellas bizarras
con ojos de amatista.
Fuimos carne caliente
aferrándose al deseo de existir
sin ilusionarnos con un futuro perfecto.
Mordí tus piernas.
Incendie tu bosque dorado.
Bese tu frente de espejo
y me comí tu corazón.
Te convertiste en estrella solitaria
y olvidaste el canto de tu voz
que desarmaba toda mi alma
y se derramaba en miel
que tu bebías plácidamente.
Fuimos carne.
Fuimos alma.
Fuimos un océano
al unir nuestros dos espíritus,
fusionar nuestras mentes
fundir nuestra conciencia en un solo ser.
Hoy somos dos entes desalmados
que huyen del amor
como si fuera una brujería maldita
que atrapa a los humanos
dejándolos indefensos
y débiles ante su magia incomoda.
La existencia es fugaz
que importa si no tenemos alma
ni corazón
seamos solo dos trozos de carne ardiente
dispuestos a unirnos una vez más
por una noche melancólica sin linternas llameantes
que adornen sus vestiduras tenebrosas.
Seamos un poema de versos extraños.
Seamos sacrificio de nuestros deseos.
Solo por esta noche
y después huyamos de nosotros mismos
de mirarnos en el espejo de nuestros ojos.
Corramos
Seamos libres
Seamos cometas
cada uno volando por su universo.
Y cuando este de nuevo lejos de ti diré
Amén de tu recuerdo.
Entrégame la inspiración más limpia y pura
a través de tus ojos penetrantes
y firmes como las tinieblas
que gobiernan tus retinas;
más dos luceros tiemblan como dos chispas de vida
dentro de tus cuencas agraciadas con dos ojos negros.
Hechízame con el destello de tus ojos de estrella,
aquellos que aparecen cuando resplandeces
ante el misterio de la mágica luz que te persigue.
Te acecha una lluvia de sombras tristes
y arde tu piel de sol
degollando sus cabezas de espanto
al detonar la esfera de tu sangre dorada.
Niña rara
extraño el chillido de tu risa aun más rara.
Para mí era como una melodía
que vencía la sequia de mi corazón de desierto.
Venga el agua de tu paz
a llevarse toda la oscuridad
que me ahoga.
Dame el agua de tu alma
a través de tus labios anaranjados.
Déjame acariciar el mar de tus cabellos cortos
cubiertos de llamas amarillas.
Y a través de sus puntas
sentir el eléctrico fluir de tu espíritu;
tanta energía me desintegra
hasta parecer un fantasma pálido
a la sombra de tus bellísimas piernas
que acecho con locura.
Soy un latido cansado.
Soy una piel de piedra áspera
que colecciona el pasar de los años de agua.
Tú eres la juventud integra
un rayo de poderoso vigor.
Cuando morí empecé a vivir
y cuando vuelvo a morir
soy un rayo de resurrección.
En la tierra y sus cimientos esta mi fuerza.
En el origen de esta realidad yace mi voluntad
y en el cielo descansa la quimera de mis sueños.
En mi pecho habita
el vacio de un abismo de remolinos.
Tú te llevaste mi corazón
y quizás lo arrojaste al espacio
perdiéndose entre mis estrellas bizarras
con ojos de amatista.
Fuimos carne caliente
aferrándose al deseo de existir
sin ilusionarnos con un futuro perfecto.
Mordí tus piernas.
Incendie tu bosque dorado.
Bese tu frente de espejo
y me comí tu corazón.
Te convertiste en estrella solitaria
y olvidaste el canto de tu voz
que desarmaba toda mi alma
y se derramaba en miel
que tu bebías plácidamente.
Fuimos carne.
Fuimos alma.
Fuimos un océano
al unir nuestros dos espíritus,
fusionar nuestras mentes
fundir nuestra conciencia en un solo ser.
Hoy somos dos entes desalmados
que huyen del amor
como si fuera una brujería maldita
que atrapa a los humanos
dejándolos indefensos
y débiles ante su magia incomoda.
La existencia es fugaz
que importa si no tenemos alma
ni corazón
seamos solo dos trozos de carne ardiente
dispuestos a unirnos una vez más
por una noche melancólica sin linternas llameantes
que adornen sus vestiduras tenebrosas.
Seamos un poema de versos extraños.
Seamos sacrificio de nuestros deseos.
Solo por esta noche
y después huyamos de nosotros mismos
de mirarnos en el espejo de nuestros ojos.
Corramos
Seamos libres
Seamos cometas
cada uno volando por su universo.
Y cuando este de nuevo lejos de ti diré
Amén de tu recuerdo.
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