Lorelizh Beye
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una mañana fría el viento silente
abrazo mi soledad, besó mi frente
mi oído suavemente oyó tu canto
el insomne río creyéndose coloso
subió hasta tu piel ¡Oh encuentro hermoso!
quimérico espejismo sacrosanto.
En ese paraíso el mar tendió su manto
tu rostro se enredaba entre mi pelo
las estrellas del mar subían al cielo
¡Jamás vieron mis ojos tanto encanto!
Brillaban de oro tus finas caderas
tu aliento tropical jugando con mi risa
bajo el tibio temblor de las palmeras.
-Solo tu mi sal, espuma y brisa-
Y en esa inmensidad tu escultura morena
se esfumó ante mi como una ola
corrí a su encuentro, mas yo estaba sola
no había mar, ni sol, ni brisa, ni arena
solamente el río y mi tristeza,
en esa inmensidad no había belleza.
El río quiso ser mar en espejismo
y yo quise ser ola en ese abismo.
-Edú-
abrazo mi soledad, besó mi frente
mi oído suavemente oyó tu canto
el insomne río creyéndose coloso
subió hasta tu piel ¡Oh encuentro hermoso!
quimérico espejismo sacrosanto.
En ese paraíso el mar tendió su manto
tu rostro se enredaba entre mi pelo
las estrellas del mar subían al cielo
¡Jamás vieron mis ojos tanto encanto!
Brillaban de oro tus finas caderas
tu aliento tropical jugando con mi risa
bajo el tibio temblor de las palmeras.
-Solo tu mi sal, espuma y brisa-
Y en esa inmensidad tu escultura morena
se esfumó ante mi como una ola
corrí a su encuentro, mas yo estaba sola
no había mar, ni sol, ni brisa, ni arena
solamente el río y mi tristeza,
en esa inmensidad no había belleza.
El río quiso ser mar en espejismo
y yo quise ser ola en ese abismo.
-Edú-
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