Cuentista
Silencio, un cuento.
EL PACTO DE LA ETERNA JUVENTUD
Me ocurrió una vez.
Habiendo estado ignoto, oculto a los demás
allá donde las tumbas habidas no se oyen llagar
hundí con ávidas mis manos, la pala.
Era inhóspito el lugar, indómito al llegar
y el batir de negras alas en un vuelo desigual
no calmaban, no a mí, en medrosa luz lunar.
Al cavar sobre una tumba, al azar de entre una de ellas
la repleta luna quieta menguó de un golpe,
el arrope de su brillo se eclipsaba al estoque de la pala
y en la última palada que al dar con ella di
la absoluta obscuridad llegó.
Sonó también el crujir de la madera
al topar con ella mi pala... Al tocar el ataúd.
Obligado a aviar una cerilla donde la oscuridad vencía
pude abrir la sobria tapa esperándome un difunto,
a la luz que había creado, brilló, lució o brillose
un espléndido dorado broche
despojé de él al muerto arrancándolo del cuerpo
y asombrándome, el cadáver entre espasmos pudo hablar
—Ofréceme los años cuan de la vida te queden
y tu juventud será eternal.
—dijo el cadáver—. ¡Dijo sin más!
Al morir el fino fósforo encendido
cual de mis dedos prendido
el pacto de la eterna juventud llegó.
Ahora...
Place el difunto de vida anhelada
mas es la mía, la que yace extinguida
camina el cadáver fugado del brusco sepulcro
mientras tanto, engañado yo tras el pacto estrafalario
irrumpo enterrado en su lugar
tumbado en la tumba... ¡Con perpetua juventud!
“Cuentista” 2015
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