Manuel Avilés Mora
Pluma libre
¿No son tus ojos -niña de los míos-,
candelas que provocan mi demanda?
¿Acaso no respiro tu lavanda,
ni muero por beberme tus rocíos?
¿No ves ardiendo mis helados fríos,
ni notas que tu fuego se desbanda?
¡Atiende la llamada que te manda
la dulce voz de mis cansados bríos!
No niegues el camino que desanda
senderos de tristezas y vacíos,
ni niegues que refuerza tu baranda
las sombras de recuerdos ya baldíos.
¿No notas que tu fuego se desmanda...?
¿No son tus ojos, presos de los míos...?
candelas que provocan mi demanda?
¿Acaso no respiro tu lavanda,
ni muero por beberme tus rocíos?
¿No ves ardiendo mis helados fríos,
ni notas que tu fuego se desbanda?
¡Atiende la llamada que te manda
la dulce voz de mis cansados bríos!
No niegues el camino que desanda
senderos de tristezas y vacíos,
ni niegues que refuerza tu baranda
las sombras de recuerdos ya baldíos.
¿No notas que tu fuego se desmanda...?
¿No son tus ojos, presos de los míos...?
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