Fara C
Poeta recién llegado
Escuché el silencio en casa de los abuelos.
Ya no tintineaban las tazas de té y las cucharas, quedó vacío el asiento de cabecera del gran comedor.
Se disipó el aroma de tu perfume… tu loción de la mañana.
Ya no estabas, Padre.
Ya no estabas.
No necesitaba que me lo dijeran,
lo supe desde que escuché el teléfono timbrar.
Pusiste un pie afuera y tu esencia ya me había abandonado, ya no actuaba como bálsamo.
Dejaste de actuar,
Dejaste de ser,
Me faltas,
Pero ya no estás.
Padre, ya no estás.
Ya no tintineaban las tazas de té y las cucharas, quedó vacío el asiento de cabecera del gran comedor.
Se disipó el aroma de tu perfume… tu loción de la mañana.
Ya no estabas, Padre.
Ya no estabas.
No necesitaba que me lo dijeran,
lo supe desde que escuché el teléfono timbrar.
Pusiste un pie afuera y tu esencia ya me había abandonado, ya no actuaba como bálsamo.
Dejaste de actuar,
Dejaste de ser,
Me faltas,
Pero ya no estás.
Padre, ya no estás.