Manolo Martínez
Poeta fiel al portal
Cielo, infierno, quién lo sabe…
aún me pregunto si existen
después de haberte amado.
Mi cielo fue quererte y conocer tu amor:
la luz de tus ojos eran locos destellos
que iluminaban mi ser;
esos fueron los días en que mi alma voló
en esta tierra de desamores
y mi corazón alcanzó la redención…
El infierno,
no es acaso algo parecido a lo que siento
en esta noche vacía de sueños lejanos
y esperanzas perdidas?
Acaso hay algo más terrible
que vivir sin tu amor?
Quién lo sabe o para qué preguntarlo.
Camino en la soledad de la noche
y en las calles del barrio
sólo encuentro perros revolviendo basura,
ventanas con luces encendidas
que conocen de familias felices,
gatos peleando en los techos
y algún infeliz como yo saliendo de un bar…
Pensar que fueron las mismas calles
que nos vieron pasar enamorados
con el calor y el fuego interno
que cuenta impaciente los minutos
para llegar al lecho y encontrar en él
el único cielo certero que nadie promete:
el del beso y el llanto, la caricia y el abrazo,
el que te parte como un rayo en la tormenta,
el que te hace conocer acostado radiantes estrellas
y viajar por unas horas por todo el universo…
Quién lo sabe o para qué preguntarlo.
Entre ramas de árboles y rayos de luna,
dejo atrás a una pareja que ocupa nuestro banco;
cruzo despacio la plaza y me dirijo
a mi pequeño averno de cuatro metros por cuatro.
Me voy perdiendo en las sombras
entre divagaciones de cielos e infiernos…
con mi única verdad y certeza:
me siento condenado,
estoy solo y debo pronto olvidarte.
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