Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Nos hemos escapado a las islas deformes
que orbitan sobre cadáveres de Atlántidas.
Bastardos de La Mugre,
nacidos a la censura de lechuzas insomnes
que nos infectaron la locura
grabándonosla en la cara interna de las sienes.
Susurramos historias en la lengua de las putas:
tejidas en cardenales.
Y nos abrimos soles a dentelladas
porque al contacto con otro tipo de luz
nos afloran ampollas en las córneas
y los colores se nos caen de la piel.
Somos el refugio de monstruos
que tosen opio y sándalo a través de las grietas,
y se encaraman a nuestra cama
cuando las palabras se convierten en harina y nos cuartean los labios;
cuando los dedos serpentean buscándose
hipnotizados por un trance de peces esquizoides;
cuando un abrazo es tan puro que duele.
Y así,
nos apretujamos los huesos unos contra otros,
al abrigo único de la lengua de Kali,
que nos recibe con sus cuatro brazos extendidos
y nuestros primeros nombres escritos en las palmas de sus manos.
que orbitan sobre cadáveres de Atlántidas.
Bastardos de La Mugre,
nacidos a la censura de lechuzas insomnes
que nos infectaron la locura
grabándonosla en la cara interna de las sienes.
Susurramos historias en la lengua de las putas:
tejidas en cardenales.
Y nos abrimos soles a dentelladas
porque al contacto con otro tipo de luz
nos afloran ampollas en las córneas
y los colores se nos caen de la piel.
Somos el refugio de monstruos
que tosen opio y sándalo a través de las grietas,
y se encaraman a nuestra cama
cuando las palabras se convierten en harina y nos cuartean los labios;
cuando los dedos serpentean buscándose
hipnotizados por un trance de peces esquizoides;
cuando un abrazo es tan puro que duele.
Y así,
nos apretujamos los huesos unos contra otros,
al abrigo único de la lengua de Kali,
que nos recibe con sus cuatro brazos extendidos
y nuestros primeros nombres escritos en las palmas de sus manos.
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