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No deberías perturbarte

danie

solo un pensamiento...
Hay momentos en que uno se perturba,
por ejemplo; cuando vas al baño un par de segundos después
de que fue tu viejo,
o cuando paras a almorzar después del trabajo
y te das cuenta que ya no queda una cerveza fría en la nevera,
o cuando tu novia te dijo que sólo fingió un orgasmo
para hacerte creer que fuiste un macho semental,
o cuando, en las horas pico,
quedas aplastado contra la ventanilla del subte
por una gorda que fue empujada por la ola de gente que asciende;
si a eso le sumamos el hedor desprendido del sobaco,
algún gas que siempre se escapa
producto del almuerzo excedido en grasas y calorías
y el estrés del momento, esa situación se torna insostenible.
Siempre hay momentos en la vida
en que tienes unas tremendas ganas de dispararle con un Fal
al primer fulano que se te acerca a pedirte la hora;
aunque después te traten de un loco de la guerra,
en realidad esa es la preocupación menor que se pasa por tu cabeza
en esos instantes.
Pero la realidad es que todas estas cosas jamás deberían perturbarte,
por nada del mundo uno no debería perder sus cabales
ni cuando quieras martillar un clavo para arreglar la pata de la cama
o la puerta de la alcoba, y así no te traten más de inservible,
y te martillas un dedo por lo inútil que eres con la mano de obra,
o cuando caiga de sorpresa tu suegra
con las maletas hechas para pasar una estadía
que siempre se vuelve una permanencia de un par de eternos meses,
y, justamente, la vieja de tu mujer
no es la suegra inusual
que rompe con el marco de su clase.
En fin, desde que naces, siempre hay alguien que te sella la frente
con el nombre de un infeliz y jodido más,
pero te susurra al oído
que por eso no debes perturbarte.
 
En lo particular, yo estoy más turbado que nunca en estos infaustos días. Un realista escrito nos dejas, de lenguaje claro, con muy buena tensión discursiva. Mis mejores deseos de bienestar y abundancia para este misterioso 2016.
 
Hay momentos en que uno se perturba,
por ejemplo; cuando vas al baño un par de segundos después
de que fue tu viejo,
o cuando paras a almorzar después del trabajo
y te das cuenta que ya no queda una cerveza fría en la nevera,
o cuando tu novia te dijo que sólo fingió un orgasmo
para hacerte creer que fuiste un macho semental,
o cuando, en las horas pico,
quedas aplastado contra la ventanilla del subte
por una gorda que fue empujada por la ola de gente que asciende;
si a eso le sumamos el hedor desprendido del sobaco,
algún gas que siempre se escapa
producto del almuerzo excedido en grasas y calorías
y el estrés del momento, esa situación se torna insostenible.
Siempre hay momentos en la vida
en que tienes unas tremendas ganas de dispararle con un Fal
al primer fulano que se te acerca a pedirte la hora;
aunque después te traten de un loco de la guerra,
en realidad esa es la preocupación menor que se pasa por tu cabeza
en esos instantes.
Pero la realidad es que todas estas cosas jamás deberían perturbarte,
por nada del mundo uno no debería perder sus cabales
ni cuando quieras martillar un clavo para arreglar la pata de la cama
o la puerta de la alcoba, y así no te traten más de inservible,
y te martillas un dedo por lo inútil que eres con la mano de obra,
o cuando caiga de sorpresa tu suegra
con las maletas hechas para pasar una estadía
que siempre se vuelve una permanencia de un par de eternos meses,
y, justamente, la vieja de tu mujer
no es la suegra inusual
que rompe con el marco de su clase.
En fin, desde que naces, siempre hay alguien que te sella la frente
con el nombre de un infeliz y jodido más,
pero te susurra al oído
que por eso no debes perturbarte.

Sí, dura es la verdad del hombre de a pie, los hechos de la vida diaria y sus jodidos detalles y lo más gracioso, mantener la calma y no reventar, ¡que viva el status quo!.

Saludos, buena narración.

Giovanni
 
El diario trajinar del común de los mortales (Soy uno de aquellos)
es constante perturbación, en este mundo que está loco de remate.
Maravillosa versión.

Hay momentos en que uno se perturba,
por ejemplo; cuando vas al baño un par de segundos después
de que fue tu viejo,
o cuando paras a almorzar después del trabajo
y te das cuenta que ya no queda una cerveza fría en la nevera,
o cuando tu novia te dijo que sólo fingió un orgasmo
para hacerte creer que fuiste un macho semental,
o cuando, en las horas pico,
quedas aplastado contra la ventanilla del subte
por una gorda que fue empujada por la ola de gente que asciende;
si a eso le sumamos el hedor desprendido del sobaco,
algún gas que siempre se escapa
producto del almuerzo excedido en grasas y calorías
y el estrés del momento, esa situación se torna insostenible.
Siempre hay momentos en la vida
en que tienes unas tremendas ganas de dispararle con un Fal
al primer fulano que se te acerca a pedirte la hora;
aunque después te traten de un loco de la guerra,
en realidad esa es la preocupación menor que se pasa por tu cabeza
en esos instantes.
Pero la realidad es que todas estas cosas jamás deberían perturbarte,
por nada del mundo uno no debería perder sus cabales
ni cuando quieras martillar un clavo para arreglar la pata de la cama
o la puerta de la alcoba, y así no te traten más de inservible,
y te martillas un dedo por lo inútil que eres con la mano de obra,
o cuando caiga de sorpresa tu suegra
con las maletas hechas para pasar una estadía
que siempre se vuelve una permanencia de un par de eternos meses,
y, justamente, la vieja de tu mujer
no es la suegra inusual
que rompe con el marco de su clase.
En fin, desde que naces, siempre hay alguien que te sella la frente
con el nombre de un infeliz y jodido más,
pero te susurra al oído
que por eso no debes perturbarte.
 
Hay momentos en que uno se perturba,
por ejemplo; cuando vas al baño un par de segundos después
de que fue tu viejo,
o cuando paras a almorzar después del trabajo
y te das cuenta que ya no queda una cerveza fría en la nevera,
o cuando tu novia te dijo que sólo fingió un orgasmo
para hacerte creer que fuiste un macho semental,
o cuando, en las horas pico,
quedas aplastado contra la ventanilla del subte
por una gorda que fue empujada por la ola de gente que asciende;
si a eso le sumamos el hedor desprendido del sobaco,
algún gas que siempre se escapa
producto del almuerzo excedido en grasas y calorías
y el estrés del momento, esa situación se torna insostenible.
Siempre hay momentos en la vida
en que tienes unas tremendas ganas de dispararle con un Fal
al primer fulano que se te acerca a pedirte la hora;
aunque después te traten de un loco de la guerra,
en realidad esa es la preocupación menor que se pasa por tu cabeza
en esos instantes.
Pero la realidad es que todas estas cosas jamás deberían perturbarte,
por nada del mundo uno no debería perder sus cabales
ni cuando quieras martillar un clavo para arreglar la pata de la cama
o la puerta de la alcoba, y así no te traten más de inservible,
y te martillas un dedo por lo inútil que eres con la mano de obra,
o cuando caiga de sorpresa tu suegra
con las maletas hechas para pasar una estadía
que siempre se vuelve una permanencia de un par de eternos meses,
y, justamente, la vieja de tu mujer
no es la suegra inusual
que rompe con el marco de su clase.
En fin, desde que naces, siempre hay alguien que te sella la frente
con el nombre de un infeliz y jodido más,
pero te susurra al oído
que por eso no debes perturbarte.

Sé que no lo hizo con ese fin, pero me he reído a carcajadas. De verdad merece aplausos su trabajo y felicitaciones por describir de esa modo una cruda relidad. Saludos.
 
En lo particular, yo estoy más turbado que nunca en estos infaustos días. Un realista escrito nos dejas, de lenguaje claro, con muy buena tensión discursiva. Mis mejores deseos de bienestar y abundancia para este misterioso 2016.

Perturbados nacemos, perturbados morimos, algunos más locos otros menos locos, pero todos sintonizamos la misma frecuencia.

Este escrito fue fruto de una prosa que en un tiempo escribí, llamada “Código postraumático”, es un trabajo mediocre, pero parece que igual dio sus frutos.

Gracias por pasar y por tus amenos deseos.

Lo mejor en este 2016 para ti también.

Un abrazo.
 

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