Fingal
Poeta adicto al portal
Cansado ya,
cansado de arrastrar sombras y ecos,
rescoldos de hogueras,
cenizas calientes que huelen a marchito,
recuerdos que no viven
ni mueren.
Cansado de empezar a olvidarte
durante tanto tiempo;
camino que ya no tiene destino
ni paisaje.
Cansado de no terminar de olvidarte.
Cansado de cerrar los ojos
y no querer verte,
ni hablarte,
ni soñarte.
Cansado de no poder nombrarte en mis versos,
de no poder llorar mientras te escribo;
fe que se muere,
ilusión derramada,
corazón que se duerme
como mito perdido.
Olvido,
vacío,
hogar apagado,
sin historias, ni leyendas, ni magia, ni cuentos.
Sin calor,
sin fuego.
Cansado de sentarme en este trono viejo,
polvoriento,
sin corte, ni reino;
palacio de muros en ruinas,
tapices descoloridos,
vidrieras rotas,
salas cerradas y llaves perdidas.
Cansado de sentirte sin saber qué siento,
sentimientos sin nombre,
ni rostro;
madeja de ramas entrelazadas,
ardientes y calmadas,
que alimenta sus raíces en tu recuerdo.
Cansado de añorarte;
dulce nostalgia con sabor de antaño,
cuando amarte era mi pureza,
mi paz, mi destino.
Cansado de este ambiente
de cantautor maduro,
con más poesía que voz
y más recuerdo que sentimiento.
Cansado de negarte,
cada día, cada noche,
cansado de tanto preguntarme
por qué quiero hablarte
y estar a tu lado.
Esta noche de musas inquietas
y tormenta que levanta distancias y tiempos;
esta noche volveré a ti,
a besar tu recuerdo,
a rezar por tus lágrimas
y por las mías.
Esta noche volveré a ti
a jurarte amor eterno,
con toda mi humildad
y todo mi orgullo.
Y no me preguntaré por qué
ni cómo;
solo sabré que quiero amarte.
Y seré luz blanca,
música etérea,
verso vivo.
Y tú serás amada;
por encima de todas las cosas,
serás amada.
Y yo seré eterno
y tú nunca podrás romperlo.
Viejo dragón
de escamas doradas,
plata y joyas;
serpiente alada
de plumas arcoíris,
¡despierta!,
despierta y vuela.
Por encima de los muros de la razón,
¡vuela!,
vuela aunque sea tu último vuelo.
Arrasa los muros,
reina en los cielos,
viejo dragón de sueños,
vuela,
vuela y siembra tu aliento.
En los corazones encogidos,
en las mentes atrapadas,
esclavas,
encadenadas,
siembra tu aliento,
viejo dragón,
aunque sea tu último vuelo,
aunque sea tu último aliento.
Yo volveré a creer,
a esperar,
a soñar.
Y volveré a escribir en mi puerta:
¿eres tú?
Noche de musas inquietas,
extraña.
Dulces sueños.
Olvida mis versos,
escucha y olvida mis versos.
Hoy rindo tributo a los viejos dioses.
Mañana...
mañana sabré que hoy miento.
Berlín, 4 de octubre de 2000
cansado de arrastrar sombras y ecos,
rescoldos de hogueras,
cenizas calientes que huelen a marchito,
recuerdos que no viven
ni mueren.
Cansado de empezar a olvidarte
durante tanto tiempo;
camino que ya no tiene destino
ni paisaje.
Cansado de no terminar de olvidarte.
Cansado de cerrar los ojos
y no querer verte,
ni hablarte,
ni soñarte.
Cansado de no poder nombrarte en mis versos,
de no poder llorar mientras te escribo;
fe que se muere,
ilusión derramada,
corazón que se duerme
como mito perdido.
Olvido,
vacío,
hogar apagado,
sin historias, ni leyendas, ni magia, ni cuentos.
Sin calor,
sin fuego.
Cansado de sentarme en este trono viejo,
polvoriento,
sin corte, ni reino;
palacio de muros en ruinas,
tapices descoloridos,
vidrieras rotas,
salas cerradas y llaves perdidas.
Cansado de sentirte sin saber qué siento,
sentimientos sin nombre,
ni rostro;
madeja de ramas entrelazadas,
ardientes y calmadas,
que alimenta sus raíces en tu recuerdo.
Cansado de añorarte;
dulce nostalgia con sabor de antaño,
cuando amarte era mi pureza,
mi paz, mi destino.
Cansado de este ambiente
de cantautor maduro,
con más poesía que voz
y más recuerdo que sentimiento.
Cansado de negarte,
cada día, cada noche,
cansado de tanto preguntarme
por qué quiero hablarte
y estar a tu lado.
Esta noche de musas inquietas
y tormenta que levanta distancias y tiempos;
esta noche volveré a ti,
a besar tu recuerdo,
a rezar por tus lágrimas
y por las mías.
Esta noche volveré a ti
a jurarte amor eterno,
con toda mi humildad
y todo mi orgullo.
Y no me preguntaré por qué
ni cómo;
solo sabré que quiero amarte.
Y seré luz blanca,
música etérea,
verso vivo.
Y tú serás amada;
por encima de todas las cosas,
serás amada.
Y yo seré eterno
y tú nunca podrás romperlo.
Viejo dragón
de escamas doradas,
plata y joyas;
serpiente alada
de plumas arcoíris,
¡despierta!,
despierta y vuela.
Por encima de los muros de la razón,
¡vuela!,
vuela aunque sea tu último vuelo.
Arrasa los muros,
reina en los cielos,
viejo dragón de sueños,
vuela,
vuela y siembra tu aliento.
En los corazones encogidos,
en las mentes atrapadas,
esclavas,
encadenadas,
siembra tu aliento,
viejo dragón,
aunque sea tu último vuelo,
aunque sea tu último aliento.
Yo volveré a creer,
a esperar,
a soñar.
Y volveré a escribir en mi puerta:
¿eres tú?
Noche de musas inquietas,
extraña.
Dulces sueños.
Olvida mis versos,
escucha y olvida mis versos.
Hoy rindo tributo a los viejos dioses.
Mañana...
mañana sabré que hoy miento.
Berlín, 4 de octubre de 2000