Joven princesa orlada
con el candor de los 16 años,
beneficiada por la naturaleza
con las gracias que da la belleza,
sueña, anhela, piensa,
en el rostro que ha encendido
su ilusión primera,
en ese joven, mayor que ella,
que en un banquete le fue presentado.
En ese instante fue,
como si la verdad
de la mano del amor,
en su mente se introdujera
y saber, sin duda alguna,
que él sería el sol
sobre el que giraría
Su existencia misma.
No hay vacilación en sus ojos,
luminosos cual cielo despejado;
sus labios pronuncian,
con su tono de brillante rosado,
el nombre del que ya es su adorado.
Su padre le ha dicho
que es un príncipe de un reino lejano
y que al presentarse en su salón,
fue contemplarla y sentirse cautivado.
Al Rey suplica que acepte
y le de su mano
pues nunca conocerá la felicidad
si no es a través de este galante enamorado.
No hay nada que le negara
a su única hija,
su bien más preciado,
y puesto que el pretendiente
revela modales, inteligencia y clase,
príncipe del otro lado del mar, coronado,
accede a la propuesta
que la princesa recibe
con gesto alborozado.
Ella es feliz;
canta a la noche
todo lo que lleva encerrado
de deseos de amor romántico,
dulce, almibarado.
Pero el príncipe,
¿ qué siente al saberse
pronto casado?.
Sólo que su meta alcanzó;
Que a la ingenua niña,
con un beso en la mejilla,
se ganó.
Sin embargo,
su corazón no late
por esa flor
ya que es otra
su oscura pasión.
Una mujer,
simple plebeya,
con fuego que enciende la sangre;
serpientes negras ondulantes
semeja su brillante cabellera,
con voz de seductora sirena.
Ella es su dueña;
a ella se entrega.
Pero, para que sobreviva su reino
necesita riquezas
que sólo pueden ser proporcionadas
por esa gentil e inocente princesa
que ha convertido el azar en su presa.
con el candor de los 16 años,
beneficiada por la naturaleza
con las gracias que da la belleza,
sueña, anhela, piensa,
en el rostro que ha encendido
su ilusión primera,
en ese joven, mayor que ella,
que en un banquete le fue presentado.
En ese instante fue,
como si la verdad
de la mano del amor,
en su mente se introdujera
y saber, sin duda alguna,
que él sería el sol
sobre el que giraría
Su existencia misma.
No hay vacilación en sus ojos,
luminosos cual cielo despejado;
sus labios pronuncian,
con su tono de brillante rosado,
el nombre del que ya es su adorado.
Su padre le ha dicho
que es un príncipe de un reino lejano
y que al presentarse en su salón,
fue contemplarla y sentirse cautivado.
Al Rey suplica que acepte
y le de su mano
pues nunca conocerá la felicidad
si no es a través de este galante enamorado.
No hay nada que le negara
a su única hija,
su bien más preciado,
y puesto que el pretendiente
revela modales, inteligencia y clase,
príncipe del otro lado del mar, coronado,
accede a la propuesta
que la princesa recibe
con gesto alborozado.
Ella es feliz;
canta a la noche
todo lo que lleva encerrado
de deseos de amor romántico,
dulce, almibarado.
Pero el príncipe,
¿ qué siente al saberse
pronto casado?.
Sólo que su meta alcanzó;
Que a la ingenua niña,
con un beso en la mejilla,
se ganó.
Sin embargo,
su corazón no late
por esa flor
ya que es otra
su oscura pasión.
Una mujer,
simple plebeya,
con fuego que enciende la sangre;
serpientes negras ondulantes
semeja su brillante cabellera,
con voz de seductora sirena.
Ella es su dueña;
a ella se entrega.
Pero, para que sobreviva su reino
necesita riquezas
que sólo pueden ser proporcionadas
por esa gentil e inocente princesa
que ha convertido el azar en su presa.