Mary Mura
Poeta veterano en el portal
Maestra de alma
Eras una adolecente con solo 18 años,
que con un título en mano te alejaste de tu hogar.
Cargada con ese bolso y tus pocas pertenencias,
te internaste en ese monte para los niños salvar.
Llevabas una escopeta para posible defensa,
y un monto de hojitas sueltas para llevarle a tus niños.
Allí con todo cariño una mañana tras otra,
le brindabas una cuota de aprendizaje a esas almas.
Compartías con tus changos mate cocido en un jarro,
abollado por golpes que la vida le fue dando.
Que alegría disfrutabas ver a tus niños sonrientes,
porque además de aprender tiene su panza caliente.
No se imaginan amigos lo que ese dar significa,
al poderles enseñar a que sus nombres escriban.
El maestro con vocación tiene el cielo ganado
Eras una adolecente con solo 18 años,
que con un título en mano te alejaste de tu hogar.
Cargada con ese bolso y tus pocas pertenencias,
te internaste en ese monte para los niños salvar.
Llevabas una escopeta para posible defensa,
y un monto de hojitas sueltas para llevarle a tus niños.
Allí con todo cariño una mañana tras otra,
le brindabas una cuota de aprendizaje a esas almas.
Compartías con tus changos mate cocido en un jarro,
abollado por golpes que la vida le fue dando.
Que alegría disfrutabas ver a tus niños sonrientes,
porque además de aprender tiene su panza caliente.
No se imaginan amigos lo que ese dar significa,
al poderles enseñar a que sus nombres escriban.
El maestro con vocación tiene el cielo ganado