VALS TRISTE
Ya no es puerta ni orilla,
ni neones rojizos iluminan la entrada,
sólo es hoy un muro insensible
que tapia añoranzas.
Pero ayer, o hace tiempo, no sé,
apenas recuerdo; aquí había una puerta
y detrás turbias músicas y un vaho que cegaba.
Y cuerpos bailando y ojos, y espejos que no reflejaban.
Aunque apenas recuerdo; ni siquiera la música.
Claro que... no sería un vals.
Y menos aún sería un vals triste.
Porque las nostalgias en tiempos aciagos
no dan para tanto.
Pero ayer, o hace tiempo, no sé,
la tristeza, compañera amarga,
ocupaba mi alma y hacía destilar,
enhebrado en lujuria,
barro o sangre impura en mi turbia mirada.
Y en aquella gruta grotesca
de gemidos grávida
gárrula gente
giraba, giraba...
Macilentas carnes, sonrisas pintadas.
No hay ojos, ni caras, sólo brillos huecos,
luciérnagas, ráfagas, hedores, espectros,
docenas de cuerpos: ni un alma.
Pero sí recuerdo mi amarga acción de gracias,
cuando entre brumas cantaba:
Gracias, oh dios antiguo,
gracias te sean dadas
junto al último brindis
de esta trágica farra.
Gracias, porque en esta noche,
bailando hasta el alba,
me he visto en tus ojos
como hombre imperfecto,
concitando miserias,
insensible mi alma.
Yo, tu más bella bestia, tu Hombre,
tu imagen humana
al que dedicaste toda tu creación,
en las noches te cambia por la carne lacia
y unos ojos huecos, por bocas pintadas.
Aquí, en la gruta grotesca,
ésta que hoy es muro de tacto impreciso,
memoria o aldaba,
todavía anoche de gemidos grávida,
gárrula gente
giraba, giraba...
Claro que... tampoco sería un vals
lo que se bailaba.
Ya no es puerta ni orilla,
ni neones rojizos iluminan la entrada,
sólo es hoy un muro insensible
que tapia añoranzas.
Pero ayer, o hace tiempo, no sé,
apenas recuerdo; aquí había una puerta
y detrás turbias músicas y un vaho que cegaba.
Y cuerpos bailando y ojos, y espejos que no reflejaban.
Aunque apenas recuerdo; ni siquiera la música.
Claro que... no sería un vals.
Y menos aún sería un vals triste.
Porque las nostalgias en tiempos aciagos
no dan para tanto.
Pero ayer, o hace tiempo, no sé,
la tristeza, compañera amarga,
ocupaba mi alma y hacía destilar,
enhebrado en lujuria,
barro o sangre impura en mi turbia mirada.
Y en aquella gruta grotesca
de gemidos grávida
gárrula gente
giraba, giraba...
Macilentas carnes, sonrisas pintadas.
No hay ojos, ni caras, sólo brillos huecos,
luciérnagas, ráfagas, hedores, espectros,
docenas de cuerpos: ni un alma.
Pero sí recuerdo mi amarga acción de gracias,
cuando entre brumas cantaba:
Gracias, oh dios antiguo,
gracias te sean dadas
junto al último brindis
de esta trágica farra.
Gracias, porque en esta noche,
bailando hasta el alba,
me he visto en tus ojos
como hombre imperfecto,
concitando miserias,
insensible mi alma.
Yo, tu más bella bestia, tu Hombre,
tu imagen humana
al que dedicaste toda tu creación,
en las noches te cambia por la carne lacia
y unos ojos huecos, por bocas pintadas.
Aquí, en la gruta grotesca,
ésta que hoy es muro de tacto impreciso,
memoria o aldaba,
todavía anoche de gemidos grávida,
gárrula gente
giraba, giraba...
Claro que... tampoco sería un vals
lo que se bailaba.