GonzaloMaire
Poeta recién llegado
Aprieto mis manos en la noche, como una ola de vinagre, y de lamentos en multitud
que resuenan como piedra, o como cabello, también, o túnel o pan rojo.
Maldigo la pata de un gato, y beso la voz de un caballo negro, y siento morir la tierra y mojar las sombras con apios.
En la infinita escalera de luz astronómica,
las ampolletas a punto de apagarse, hacen el amor tristemente en el patio
con nuestros nombres fracasados
sobre masas solares;
y son sólo luciérnagas
las que están ardiendo espadas azules
y son sólo recuerdos, los que dan la forma a tus órganos y pelos.
El otoño continuará mudando las hojas amarillas, y la pluma del ave gris
descansará en el corazón de un peluche de niño, o en la galaxia de una botella
perdida a través del polvo del alma.
Pero si pudiera, lloraría hasta romperme el grito en gotas, y podriría la lluvia a los pies de un carnero.
que resuenan como piedra, o como cabello, también, o túnel o pan rojo.
Maldigo la pata de un gato, y beso la voz de un caballo negro, y siento morir la tierra y mojar las sombras con apios.
En la infinita escalera de luz astronómica,
las ampolletas a punto de apagarse, hacen el amor tristemente en el patio
con nuestros nombres fracasados
sobre masas solares;
y son sólo luciérnagas
las que están ardiendo espadas azules
y son sólo recuerdos, los que dan la forma a tus órganos y pelos.
El otoño continuará mudando las hojas amarillas, y la pluma del ave gris
descansará en el corazón de un peluche de niño, o en la galaxia de una botella
perdida a través del polvo del alma.
Pero si pudiera, lloraría hasta romperme el grito en gotas, y podriría la lluvia a los pies de un carnero.