danie
solo un pensamiento...
Llega la noche
y suena el ring
anunciando otra pelea más.
Con los guantes puestos
ellos entran al comedor.
Una palabra contagia de furia a las otras,
un gesto al filo de los escrúpulos,
una mirada artera
de envenenado aguijón
son las cosas que encienden las ascuas
de la hoguera.
La contienda es ardua y reñida,
siempre lo es,
y los rastros de platos rotos sobre el piso
señalan que en está ocasión
no habrá ninguna diferencia.
Pero esta pelea llega a su fin
en el Ecuador de la noche,
el punto medio
de la desavenencia y la conciliación,
en el momento justo
en que la puerta de la alcoba se entorna
y la casa atestigua
la inocencia de las más salvajes bestias.
Sólo les falta,
como tarea de este ritual doméstico,
empezar a juntar las partes de sus anatomías
desparramadas por cada rincón.
y suena el ring
anunciando otra pelea más.
Con los guantes puestos
ellos entran al comedor.
Una palabra contagia de furia a las otras,
un gesto al filo de los escrúpulos,
una mirada artera
de envenenado aguijón
son las cosas que encienden las ascuas
de la hoguera.
La contienda es ardua y reñida,
siempre lo es,
y los rastros de platos rotos sobre el piso
señalan que en está ocasión
no habrá ninguna diferencia.
Pero esta pelea llega a su fin
en el Ecuador de la noche,
el punto medio
de la desavenencia y la conciliación,
en el momento justo
en que la puerta de la alcoba se entorna
y la casa atestigua
la inocencia de las más salvajes bestias.
Sólo les falta,
como tarea de este ritual doméstico,
empezar a juntar las partes de sus anatomías
desparramadas por cada rincón.