Yolvi Efraín Cauro
Poeta recién llegado
GLOSA DEL ADIÓS
Como la espuma sutil[1]
en mi vaso de cerveza,
tengo la tenue certeza
de recordar tu perfil.
La memoria -esa pueril
partitura, esa tenaz
nota indeleble- no es más
que un lábaro, un estandarte…
Sé que no podré olvidarte.
No sé si me olvidarás.
Flor que solo una mañana
tardó su germinación,
pero resistió un eón
su aroma de filigrana.
Tú, madrigal de la arcana
confirmación de mi credo.
Yo, que ni siquiera puedo
distinguir desde mi trono
si es bizarría este encono,
ni si es amor este miedo.
Qué largo camino anduve
detrás del épico rastro
-tenue molde de alabastro-
de tu paso de querube.
Yo, que jamás me detuve
ni he vacilado jamás,
hoy me detengo detrás
de ti, como un mal remedo.
Solo ignoras que me quedo;
yo sólo sé que te vas.
Adiós, en la noche inmensa
husmearé tu aroma casto
urgido por el nefasto
caramillo de tu trenza.
Tú te irás bajo la densa
neblina de tu denuedo,
sin interesarte un bledo
el recencio y las escarchas.
Solo ignoras que te marchas;
yo sólo sé que me quedo.
[1] Los primeros versos de este trabajo pertenecen a las inmortales glosas que partiendo de esta cuarteta del gran Andrés Eloy Blanco, poeta nacional venezolano, hiciera el no menos grande Nicolás Guillén, poeta nacional cubano. Con estos versos iniciales comenzó Guillén cada estrofa.
No sé si me olvidarás
ni si es amor este miedo;
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.
Andrés Eloy Blanco
ni si es amor este miedo;
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.
Andrés Eloy Blanco
Como la espuma sutil[1]
en mi vaso de cerveza,
tengo la tenue certeza
de recordar tu perfil.
La memoria -esa pueril
partitura, esa tenaz
nota indeleble- no es más
que un lábaro, un estandarte…
Sé que no podré olvidarte.
No sé si me olvidarás.
Flor que solo una mañana
tardó su germinación,
pero resistió un eón
su aroma de filigrana.
Tú, madrigal de la arcana
confirmación de mi credo.
Yo, que ni siquiera puedo
distinguir desde mi trono
si es bizarría este encono,
ni si es amor este miedo.
Qué largo camino anduve
detrás del épico rastro
-tenue molde de alabastro-
de tu paso de querube.
Yo, que jamás me detuve
ni he vacilado jamás,
hoy me detengo detrás
de ti, como un mal remedo.
Solo ignoras que me quedo;
yo sólo sé que te vas.
Adiós, en la noche inmensa
husmearé tu aroma casto
urgido por el nefasto
caramillo de tu trenza.
Tú te irás bajo la densa
neblina de tu denuedo,
sin interesarte un bledo
el recencio y las escarchas.
Solo ignoras que te marchas;
yo sólo sé que me quedo.
[1] Los primeros versos de este trabajo pertenecen a las inmortales glosas que partiendo de esta cuarteta del gran Andrés Eloy Blanco, poeta nacional venezolano, hiciera el no menos grande Nicolás Guillén, poeta nacional cubano. Con estos versos iniciales comenzó Guillén cada estrofa.
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