Martín Renán
Poeta adicto al portal
Azul de ciudad
apátrida
y el cielo gris de corazón,
pero el dolor así
se estremece de hogar,
cada domingo
la tierra verde por naturaleza
y verte, y te sueño conmigo;
la memoria
lo dice todo, entonces, porqué de olvido
nos hacemos nada.
En la premonición del día
tu perdón y tu venia;
no me resigno
y rezo,
este odio es la llave,
y el calvario
lo amargo en la boca;
de qué peregrinación las horas vienen
y te pierdo y me pierdo,
de qué ciudad los acertijos
caen dos penas en lo profundo,
fugacidad en lo oscuro,
y regresa a tientas, abierto el corazón.
Acaso, de cordura, el edén al cruzar tu mundo
y de milagro
esta bendición de vida;
roto el silencio trasmigran “dos alegrías juntas”.
apátrida
y el cielo gris de corazón,
pero el dolor así
se estremece de hogar,
cada domingo
la tierra verde por naturaleza
y verte, y te sueño conmigo;
la memoria
lo dice todo, entonces, porqué de olvido
nos hacemos nada.
En la premonición del día
tu perdón y tu venia;
no me resigno
y rezo,
este odio es la llave,
y el calvario
lo amargo en la boca;
de qué peregrinación las horas vienen
y te pierdo y me pierdo,
de qué ciudad los acertijos
caen dos penas en lo profundo,
fugacidad en lo oscuro,
y regresa a tientas, abierto el corazón.
Acaso, de cordura, el edén al cruzar tu mundo
y de milagro
esta bendición de vida;
roto el silencio trasmigran “dos alegrías juntas”.