De labios entreabiertos
por rítmicos ronquidos,
escapó cual ráfaga de viento,
pompa de jabón huyendo,
de su onírico encierro.
Orejas de conejo tenía,
largas, enhiestas, de algodón rosa,
bigotes de lince, ojos de tortuga
aunque sin caparazón
en su espalda erguida.
Sus piernas de serpentina
a zancadas le llevaban,
sin rumbo definido,
sin destino preferido,
hasta el tejado de la casa
donde se sentó
abrazando a la veleta
a la que con una reverencia,
cordialmente saludó.
Contemplaba el paisaje,
de la noche tan silenciosa,
con ojos alucinados,
pues todo le era nuevo
en este contexto extraño,
él que estaba habituado
a llenar los espacios
con dosis de disparate,
a cabalgar sobre la locura,
durmiendo en su regazo.
Los murciélagos le rodearon;
como uno de los suyos le aceptaron,
mientras las luciérnagas
a su lado danzaban,
iluminando su sombra rasgada.
Esperó al sol y que acariciase
su piel intangible de satén negra,
un tacto que anhelaba,
pero sin saber porqué.
Al día, con un suspiro recibió;
como un relámpago sobre el agua,
el sueño, hermosamente destelló,
y en cien pedacitos se deshizo
con forma de corazón.
por rítmicos ronquidos,
escapó cual ráfaga de viento,
pompa de jabón huyendo,
de su onírico encierro.
Orejas de conejo tenía,
largas, enhiestas, de algodón rosa,
bigotes de lince, ojos de tortuga
aunque sin caparazón
en su espalda erguida.
Sus piernas de serpentina
a zancadas le llevaban,
sin rumbo definido,
sin destino preferido,
hasta el tejado de la casa
donde se sentó
abrazando a la veleta
a la que con una reverencia,
cordialmente saludó.
Contemplaba el paisaje,
de la noche tan silenciosa,
con ojos alucinados,
pues todo le era nuevo
en este contexto extraño,
él que estaba habituado
a llenar los espacios
con dosis de disparate,
a cabalgar sobre la locura,
durmiendo en su regazo.
Los murciélagos le rodearon;
como uno de los suyos le aceptaron,
mientras las luciérnagas
a su lado danzaban,
iluminando su sombra rasgada.
Esperó al sol y que acariciase
su piel intangible de satén negra,
un tacto que anhelaba,
pero sin saber porqué.
Al día, con un suspiro recibió;
como un relámpago sobre el agua,
el sueño, hermosamente destelló,
y en cien pedacitos se deshizo
con forma de corazón.