Don Quijote:
¡Ven presto amigo Sancho,
mi siempre fiel escudero,
saquemos a rocinante
y a tu peculiar jumento
que faciéronme llegar
céfiros de lontananza
que hemos desfacer entuertos
ante ciertos maleantes
que no han de ser caballeros
y sí los mesmos demonios
que empeñáronse en hallar
en tiempos de los de antes y
agora, al Señor Cervantes!
¡Vayamos sin perder tiempo
mi buen amigo Sancho
con ojos en acechanza
tanto días como noches
ante esa gente tan rara
tenga a mal hallar sus huesos!
Sancho:
¡Válame Dios mi Señor,
tiémblanme las posaderas
de lo que a mi se me espera,
duéleme ya esté mi cuerpo
tanto como la mollera
cuando oiga vuesa merced,
esta cierta explicación,
toda vez le pediría
ante su enojo, perdón,
questo no es habladuría
sino de buena razón
por no decillo aquel día...!
Sabedor por su emoción
por emprender aventuras
y de la mía contrarias
a pesar de su figura,
mis orejas se facieron
las sordas cuando pensantes
de elegantes vestiduras,
afirmáronse de hallar
por la toda península,
la longeva sepultura
de Don Miguel de Cervantes,
y dícese que se hallan en
una aldea a la que dicen
llamar Alcalá de Henares.
Mire mi señor Quijote,
que no quiero más entuertos,
atúsese su bigote
y quedemonos contentos
de evitar más desagravios
y que nos muelan a palos.
Don Quijote:
Mi buen Sancho, mi escudero,
a pesar de tu osadía,
tengo buen conecimento
de questa tuya porfía
es cosa del mesmo miedo.
No temas mi buen amigo,
questa tu palabrería
nos manda a nueva ventura,
no es chanza Sancho, y te digo
que en lo que a mi se procura,
partimos hacia la aldea
sin que perdamos instante
con esta espada y mi lanza
que no verán más el aire
hasta no hallarme delante
de Don Miguel de Cervantes
y rendirle mi respeto
que es de ser buen caballero
ante su sin par estampa
dejando la espada y lanza
para siempre a él postrada
en tu nombre mi escudero
llamado, Don Sancho Panza
y el desta adarga figura
Don Quijote de la Mancha.
Luis
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