Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Amanecieron sembrados en la rivera
a lo largo de toda la playa,
las olas les acarician como nueva primavera.
Son castillos de las formas más diversas que haya.
A veces pisan nuestros muros
dolidos y desplomados, sin acantilados
para huir de sus pasos duros,
quedamos hermanados, todos derribados.
Somos castillos de arena
que el viento nos derriba una muralla,
fortaleza que no es buena
cuando perdemos otra atalaya.
Algún oleaje me ha diluido
y en un mensaje gris, sin escribir
a todos los que nos arrastra, nos ha unido.
Quedo extendido, a merced, sin desistir.
Dama tierna, como en la época medieval
ata tu lazo a mi lanza,
no voy a enfrentarme al mal
que mi fuerza para luchar no alcanza.
La necesito atándose a mis espaldas
para escribir en las páginas del cielo,
entre las nubes más altas
algún verso simple para mi consuelo.
a lo largo de toda la playa,
las olas les acarician como nueva primavera.
Son castillos de las formas más diversas que haya.
A veces pisan nuestros muros
dolidos y desplomados, sin acantilados
para huir de sus pasos duros,
quedamos hermanados, todos derribados.
Somos castillos de arena
que el viento nos derriba una muralla,
fortaleza que no es buena
cuando perdemos otra atalaya.
Algún oleaje me ha diluido
y en un mensaje gris, sin escribir
a todos los que nos arrastra, nos ha unido.
Quedo extendido, a merced, sin desistir.
Dama tierna, como en la época medieval
ata tu lazo a mi lanza,
no voy a enfrentarme al mal
que mi fuerza para luchar no alcanza.
La necesito atándose a mis espaldas
para escribir en las páginas del cielo,
entre las nubes más altas
algún verso simple para mi consuelo.
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