¡Aquí estoy, mar, tejiendo soledades!
aunque en silencio mi alma se lamenta,
no perdí el corazón en la tormenta
y hoy espero de ti solo bondades.
Que ahuyentes con tu arrullo mis temores
que me enamores,
enardecido,
que enternecido,
serenamente,
beses mi frente,
para dejar de ser desnuda sombra
y vivir en el verso que te nombra.
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