Vahído

tyngui

Poeta que considera el portal su segunda casa
Desgarro las cuadros grises de mis últimos mil movimientos, hasta flagelar en psicosis. Mecanizando estrepitoso cada mínima distancia que gire en torno a esta disfacilitación letal de los pensamientos.

Ansío desmaterializarme en la abstracción que me superpone inoperante.

Escaparía ahora mismo de mi tiempo, huiría de este cóctel ludibrio, concebido por la cruel fauna fantástica que anida dentro de mí.

No obstante sé que no lo lograría, aunque convirtiera millones de siglos luz a milisegundos. Porque el inconsciente se advertirá ulcerado en su integridad, e irremediablemente abortaría aquella representación sin elección.

Subterfugios lúdicos sofocarían inhóspitas cuantas vituperaciones conciernen en mi evasiva moral.

Nada quedaría en mí, solo mi imperfección ultra violenta, que solo viajaría agonista, como si mi ser todo fuera una iteración de una constante repetición refleja.

Las imágenes se volverían contra mí vertiginosamente, y la nada invadiría más y más, el dominio abstracto de mis miedos y así, el candor de mi juicio, moriría en silencio.
 
Desgarro las cuadros grises de mis últimos mil movimientos, hasta flagelar en psicosis. Mecanizando estrepitoso cada mínima distancia que gire en torno a esta disfacilitación letal de los pensamientos.

Ansío desmaterializarme en la abstracción que me superpone inoperante.

Escaparía ahora mismo de mi tiempo, huiría de este cóctel ludibrio, concebido por la cruel fauna fantástica que anida dentro de mí.

No obstante sé que no lo lograría, aunque convirtiera millones de siglos luz a milisegundos. Porque el inconsciente se advertirá ulcerado en su integridad, e irremediablemente abortaría aquella representación sin elección.

Subterfugios lúdicos sofocarían inhóspitas cuantas vituperaciones conciernen en mi evasiva moral.

Nada quedaría en mí, solo mi imperfección ultra violenta, que solo viajaría agonista, como si mi ser todo fuera una iteración de una constante repetición refleja.

Las imágenes se volverían contra mí vertiginosamente, y la nada invadiría más y más, el dominio abstracto de mis miedos y así, el candor de mi juicio, moriría en silencio.

Pero queda el intento…
Aunque aquí más parece que el retorno es el principio de un camino que se sabe sin final.
Original conversación con las altas esferas de lo más profundo.

Abrazo grandote!!
 
Siempre inspira magia tu retórica interpretación. Engalanas con ella mi pequeña prosa.
gracias por esto y por tanto.
Tyngui Sanchez
 

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