José Carlos Rodríguez García
Jose C. RGZG
Mis zapatos gastados
caminan en un bulevar
en donde el dinero habla por sí solo.
El silencio y la soledad
es como un despertar en la madrugada.
Por más que busco no encuentro alma alguna,
es como querer encontrar una almeja
con aliento de vida en la orilla de la inmensa playa.
Las casas están cerradas con temor
a que situación alguna ocurra,
cerradas como un baúl lleno de joyas y rubíes.
Cables de alta tensión son los que me miran
encima de las bardas,
con sus rugidos de león me dicen
que soy un intruso en este lugar.
Hasta las cámaras de seguridad me miran
con gran desconfianza.
Pero su mirada no se aparta de mi ser,
con gran desconfianza vigilan mis pasos.
He encontrado una persona que con un saludo
busco hacerle confianza,
pero entre dientes escucho
distorsionada una palabra.
Casas enormes, construidas
con lo mejor de la arquitectura,
sin embargo solo los guardianes del hogar
duermen en tan enorme soledad y esclavitud.
Percibo a alguien en su hogar
solo con prestar oído al ruido
de su aire acondicionado,
mas hablar no podré
porque no seré escuchado.
Siento una enorme calma
que hasta el silencio se escucha,
pero al respirar el aire está contaminado
de inseguridad y miedo,
es como respirar entre el humo
y sentir ardor en la garganta.
El temor se apodera de mí
cuando escucho mis pasos escandalosos
y una agitación nace en mi pecho.
De repente un guardián me empieza a ladrar
de forma muy terrible
y se balancea en el portón de aluminio fino
gritándome que me vaya,
que no soy bienvenido.
En la persiana se asoma un niño
con mirada prepotente
con un dispositivo de alta tecnología
en su mano.
Regreso a mi lugar de vivienda,
y mis vecinos me saludan
con mucha alegría,
los lugares están repletos de almas
comprando sus cosas
y los niños juegan.
Hay mucho ruido
pero tranquilidad al respecto.
Me alegra saber que soy un pobre rico.
Camino en la tierra,
siento lo fresco de los árboles,
las risas de los niños hacen coro con el canto de los pajarillos
y un perro se me acerca
con ganas de jugar conmigo.
Que bien me siento en mi humilde hogar
y con mi humilde gente.
caminan en un bulevar
en donde el dinero habla por sí solo.
El silencio y la soledad
es como un despertar en la madrugada.
Por más que busco no encuentro alma alguna,
es como querer encontrar una almeja
con aliento de vida en la orilla de la inmensa playa.
Las casas están cerradas con temor
a que situación alguna ocurra,
cerradas como un baúl lleno de joyas y rubíes.
Cables de alta tensión son los que me miran
encima de las bardas,
con sus rugidos de león me dicen
que soy un intruso en este lugar.
Hasta las cámaras de seguridad me miran
con gran desconfianza.
Pero su mirada no se aparta de mi ser,
con gran desconfianza vigilan mis pasos.
He encontrado una persona que con un saludo
busco hacerle confianza,
pero entre dientes escucho
distorsionada una palabra.
Casas enormes, construidas
con lo mejor de la arquitectura,
sin embargo solo los guardianes del hogar
duermen en tan enorme soledad y esclavitud.
Percibo a alguien en su hogar
solo con prestar oído al ruido
de su aire acondicionado,
mas hablar no podré
porque no seré escuchado.
Siento una enorme calma
que hasta el silencio se escucha,
pero al respirar el aire está contaminado
de inseguridad y miedo,
es como respirar entre el humo
y sentir ardor en la garganta.
El temor se apodera de mí
cuando escucho mis pasos escandalosos
y una agitación nace en mi pecho.
De repente un guardián me empieza a ladrar
de forma muy terrible
y se balancea en el portón de aluminio fino
gritándome que me vaya,
que no soy bienvenido.
En la persiana se asoma un niño
con mirada prepotente
con un dispositivo de alta tecnología
en su mano.
Regreso a mi lugar de vivienda,
y mis vecinos me saludan
con mucha alegría,
los lugares están repletos de almas
comprando sus cosas
y los niños juegan.
Hay mucho ruido
pero tranquilidad al respecto.
Me alegra saber que soy un pobre rico.
Camino en la tierra,
siento lo fresco de los árboles,
las risas de los niños hacen coro con el canto de los pajarillos
y un perro se me acerca
con ganas de jugar conmigo.
Que bien me siento en mi humilde hogar
y con mi humilde gente.
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