Lorelizh Beye
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hubo noches de idílico romance,
la eterna luna en dance
de odalisca garbosa y señorial
luciese ante los dos tras bambalinas
su ajuar de perlas finas;
juntos bailamos bajo del cristal
un tango y un bolero… Una rosa
de todas tan graciosa
relucía… adornaste mi pelo
ciñendo mi silueta en leves giros,
la luna entre suspiros
tañía embelesada el violonchelo.
Rociaba del nirvana, la azul noche
en aurífero broche
una lluvia de estrellas de tisú.
En suave acento de gitanería,
balada y poesía
exclamaste: ¡De todas solo tú!
Oh Dalia donairosa y almizclera
dulcificas mi vera
en arrope de miel a plenitud;
sonrosada la luna era guirnalda
de luz blanca esmeralda
y el céfiro afinaba su laúd.
Sellase un beso la solemne gala
las luces de bengala
pletóricas en lo alto se expandían,
fuimos aves de amor en pleno vuelo
que alcanzando la cumbre allá en el cielo
al suelo descendían.
Hoy declina la noche muda y Ciega,
la luna solariega
vierte lágrimas negras de rocío,
repican en la iglesia tres campanas,
la humana caravana
escucha triste el ulular del río.
Tu estampa en efemérides de ayer
pareciera volver,
caracolas de amor en eco leve
por los mares de peregrinas olas
canturrean a solas,
y aquí en mi corazón cuaja la nieve.
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