ivoralgor
Poeta fiel al portal
Ella me envió una carta en un sobre blanco. El papel de arroz despedía un aroma floral y una pizca de madera recién cortada. La misiva rezaba:
Apreciado, no por ello jamás amado,
Deja de buscar en los recuerdos mi nombre, déjame vivir libre de tus pesadas ataduras, del lápiz que insiste en escribirme cosas de amor y soledad. Fuimos una historia linda, pero ahora estoy en medio de otra. Rompe las fotos, aquellos cuentos, tira a la basura esa rosa marchita,-que te regalé en nuestro primer aniversario de amantes-, que guardas celosamente en el libro “Lolita” de Vladimir Nabokov,- ese libro del cual me leíste los pasajes más eróticos en incontables ocasiones, desnudos en la cama. Vive tu vida y déjame vivir la mía.
Resoplé, algo indignado y molesto. Al buen entendedor, pocas palabras, pensé. Refunfuñé por largo rato. Para calmarme encendí el reproductor de música y la voz melosa de Aymee Nuviola, cantando “Contigo”, inundó la habitación. Me recosté en la cama bocarriba. Apreté la mandíbula y maldije una y otra vez, aporreando las manos en la cama.
Ese día pensé que estaba dormido, que todo era una broma de mi inconsciencia, pero el papel de arroz, sobre la mesita de lectura, me decía lo contrario. Fue fácil quemar las fotos, los cuentos, la rosa marchita, pero los recuerdos perdurarían un tanto más.
Dejé de escribir por un par de años. Para reencontrarme con mis letras escribí la novela “Contigo”. El libro habla de ella porque le seguiré escribiendo muy a su pesar. Pensándolo fríamente, le escribo más al recuerdo que a ella, porque ya no la conozco, ni sé que fue de su vida. El escribo más a ese amor idílico inalcanzable, en que se convirtió al transcurrir de los años, y, como terapia ocupacional.
- Contigo, le susurro a Joanne mientras tomamos una copa de tinto, desnudos en la cama. Celebramos la tercera edición de la novela y la próxima semana es la presentación de mi primer libro de cuentos: Sin ver el final.
Apreciado, no por ello jamás amado,
Deja de buscar en los recuerdos mi nombre, déjame vivir libre de tus pesadas ataduras, del lápiz que insiste en escribirme cosas de amor y soledad. Fuimos una historia linda, pero ahora estoy en medio de otra. Rompe las fotos, aquellos cuentos, tira a la basura esa rosa marchita,-que te regalé en nuestro primer aniversario de amantes-, que guardas celosamente en el libro “Lolita” de Vladimir Nabokov,- ese libro del cual me leíste los pasajes más eróticos en incontables ocasiones, desnudos en la cama. Vive tu vida y déjame vivir la mía.
Resoplé, algo indignado y molesto. Al buen entendedor, pocas palabras, pensé. Refunfuñé por largo rato. Para calmarme encendí el reproductor de música y la voz melosa de Aymee Nuviola, cantando “Contigo”, inundó la habitación. Me recosté en la cama bocarriba. Apreté la mandíbula y maldije una y otra vez, aporreando las manos en la cama.
Ese día pensé que estaba dormido, que todo era una broma de mi inconsciencia, pero el papel de arroz, sobre la mesita de lectura, me decía lo contrario. Fue fácil quemar las fotos, los cuentos, la rosa marchita, pero los recuerdos perdurarían un tanto más.
Dejé de escribir por un par de años. Para reencontrarme con mis letras escribí la novela “Contigo”. El libro habla de ella porque le seguiré escribiendo muy a su pesar. Pensándolo fríamente, le escribo más al recuerdo que a ella, porque ya no la conozco, ni sé que fue de su vida. El escribo más a ese amor idílico inalcanzable, en que se convirtió al transcurrir de los años, y, como terapia ocupacional.
- Contigo, le susurro a Joanne mientras tomamos una copa de tinto, desnudos en la cama. Celebramos la tercera edición de la novela y la próxima semana es la presentación de mi primer libro de cuentos: Sin ver el final.