Amanece fresco el día…
Amanece fresco el día,
brilla el sol en mis cristales,
es un día de hermosura
y el cielo viste de añil
invitando a caminar
por las fragancias del valle
que poco a poco despierta
entre trinos y fulgores.
¡Qué dulce luce el azul
del cielo lejos de calles
ruidosas y cotidianas!
¡Qué dulcísimo cantar
de las aves que acompañan
a mi sólo caminar
volando de rama en rama!
¡Cómo se me aventa el alma
en este respirar suave!
Una brisa perfumada
llega y pasa dulcemente
embriagando los sentidos
mientras contemplo el correr
desenfrenado del río
con su bella melodía
que a su paso va dejando
en los sauces gotas de oro.
A su orilla estoy sentado
rodeado del sosiego
que tantas y tantas veces
busco y que pocas encuentro
y sin saber el por qué,
me hallo escribiendo estos versos
con melodía de fondo,
aromas de verdes pastos
y el murmurar de los olmos,
letras que dejan recuerdos
de tristezas, alegrías
compartidas, viejas, nuevas
y momentos de pasión
que se alojan en mi pecho.
El tiempo pasa deprisa...
pasa y pasa entre mis versos
cual si lo llevara el viento.
Se va acercando el ocaso,
de naranja viste el cielo
y entre fulgores y sombras
que de a poco van creciendo
con mis versos hago un barco
de papel para que surque
en la corriente del río
hacia el azul lisonjero.
Con la brisa a su favor
zarpó mi pequeño barco
tensando velas al cielo,
velas que llevan prendidas
mis sentimientos en versos
con tinta del corazón
y que nadie leerán
buscando en la lejanía
la línea donde se unen
el ancho mar y el eterno.
¡Navega barco, navega!
nada podrá detenerte
ni borrascas ni tormentas
mientras en el horizonte
siga naciendo el dorado!
Luis