Anne_
I killed Bukowski.
La última noche de mi muerte,
no la recuerdo; recuerdo antes
haber sostenido mis venas
y atarme el cabello con ellas,
incluso recuerdo haber vomitado en un jardín,
pero no recuerdo como morí.
Sé que cabalgaba en ratas digitales,
también sé que toda mi vida
cabía en un mochila de la HP
que encontré en una pila de basura.
A los dieciyalgo me mordieron las abejas tensas,
desde entonces, no recuerdo ninguna de mis muertes.
El amanecer no existe, todo es una luna eterna,
todo son líneas roídas y humos borrosos.
A veces luces viva, y luego los reflejos de las vans,
y orinar atrás de los autos estacionados.
Siempre sueñas con llegar a casa,
y luego casa es cualquier lugar
donde puedas limpiarte los dientes con las uñas.
Hoy, todavía me rasco las picazones extrañadas,
también miro fijamente, y hago “tsss”
cuando no me dan una dirección.
Igual que tú, cuando subes al autobús a pedir apoyo,
igual que tú, cuando te empastas los dientes,
igual que tú, cuando lloras sentada en las rieles viejas
del tren que ya no pasa, y te coges la cabeza, y dices
“dios, ya pe’, ayúdame pe’, ayúdame pe’ dios”.
no la recuerdo; recuerdo antes
haber sostenido mis venas
y atarme el cabello con ellas,
incluso recuerdo haber vomitado en un jardín,
pero no recuerdo como morí.
Sé que cabalgaba en ratas digitales,
también sé que toda mi vida
cabía en un mochila de la HP
que encontré en una pila de basura.
A los dieciyalgo me mordieron las abejas tensas,
desde entonces, no recuerdo ninguna de mis muertes.
El amanecer no existe, todo es una luna eterna,
todo son líneas roídas y humos borrosos.
A veces luces viva, y luego los reflejos de las vans,
y orinar atrás de los autos estacionados.
Siempre sueñas con llegar a casa,
y luego casa es cualquier lugar
donde puedas limpiarte los dientes con las uñas.
Hoy, todavía me rasco las picazones extrañadas,
también miro fijamente, y hago “tsss”
cuando no me dan una dirección.
Igual que tú, cuando subes al autobús a pedir apoyo,
igual que tú, cuando te empastas los dientes,
igual que tú, cuando lloras sentada en las rieles viejas
del tren que ya no pasa, y te coges la cabeza, y dices
“dios, ya pe’, ayúdame pe’, ayúdame pe’ dios”.