un sol de tardes tranquilas
en su languidez monótona
se colaba
por el claro de las ramas
desnudas y somnolientas
con largos sollozos de oro
y nostalgia.
Allí estaban, el silencio
hablando en su paz sonora
y los pájaros y el río
y los árboles
en su tristeza otoñal
quedando el bosque sumido
en honda quietud y encanto
de fulgores.
Sobre la húmeda tierra,
se extendía una moqueta
de hojarascas rojas, ocres
y amarillas
llenando de luz y vida
y de ensueños de colores
al adormecido bosque
otoñado.
Llega la hora del crepúsculo,
y un hombre se halla escribiendo
mientras callado se asoma
el misterio...
"Hay caricias perfumadas,
dulces ecos de gorjeos
volando de rama en rama
adormecen la floresta..."
Y hace el poeta del bosque,
un versar más otoñal
más nostálgico y más lánguido
que el ocaso.
Luis