La insalvable tristeza

Es sencillamente increíble, no puedo decir mucho más, Y después… corrí, corrí mucho;
necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando, o tirándome al sucio puerto . Yo también hice eso, durante mucho, mucho tiempo. Un año casi, solo llorar y gritar, y a Dios no te cuento lo que le decía. Ese día también le tuve muy poquito aprecio a la vida, también me quise morir con ella. UN abrazo inmenso, de madre y de padre.
 
Última edición:
Es sencillamente increíble, no puedo decir mucho más, Y después… corrí, corrí mucho;
necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando, o tirándome al sucio puerto . Yo también hice eso, durante mucho, mucho tiempo. Un año casi, solo llorar y gritar, y a Dios no te cuento lo que le decía. Ese día también le tuve muy poquito aprecio a la vida, también me quise morir con ella. UN abrazo inmenso, de madre y de padre.


Elena, solo te puedo decir gracias; gracias por tu ternura, compañera, por tu alma sensitiva y sincera.
 
Es sencillamente increíble, no puedo decir mucho más, Y después… corrí, corrí mucho;
necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando, o tirándome al sucio puerto . Yo también hice eso, durante mucho, mucho tiempo. Un año casi, solo llorar y gritar, y a Dios no te cuento lo que le decía. Ese día también le tuve muy poquito aprecio a la vida, también me quise morir con ella. UN abrazo inmenso, de madre y de padre.



Elena, solo te puedo decir gracias; gracias por tu ternura, compañera, por tu alma sensitiva y sincera.
 
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Espero te guste,
Un abrazo
JULIA
 
Verso a verso, con el cannabis que recorre mis venas y tu gran hacer, fui ese tú del poema, por un momento, un momento que, pese a angustioso y vivido, disfruté por tan elocuentes letras, y porque, claro está, cuando terminé de leerlo, dejé de ser ese tú...
Pese a que sé que es un vano decir, y aunque lo habrás oído mil veces con el sentir de que diese igual que te dijeran que el tocino es igual a la velocidad,... mis condolencias, Kalkbadan.
El poema me parece magníficamente narrado, poeta, el sentir...espero que se equilibrie pronto.

Un cordial saludo.
 
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Verso a verso, con el cannabis que recorre mis venas y tu gran hacer, fui ese tú del poema, por un momento, un momento que, pese a angustioso y vivido, disfruté por tan elocuentes letras, y porque, claro está, cuando terminé de leerlo, dejé de ser ese tú...
Pese a que sé que es un vano decir, y aunque lo habrás oído mil veces con el sentir de que diese igual que te dijeran que el tocino es igual a la velocidad,... mis condolencias, Kalkbadan.
El poema me parece magníficamente narrado, poeta, el sentir...espero que se equilibrie pronto.

Un cordial saludo.

Compañero Old Soul, una situación en la que de una manera o de otra, tristemente, todos nos sentiremos identificados.
Te agradezco de veras tu paso y el comentario genuino que me regalas.
Un abrazo y gracias.
 
Llevo tres días leyendo el poema, aquí, allá donde la Morado y más allá de las palabras. Sólo puedo decir que es mucho más que un buen poema.

Un abrazo Andreas.

¡Querido, Alonso!
Hacía mucho tiempo que no lo leía, hasta que lo rescató Elenita.
Es un poema, como el de Elena, que se escriben, y ya. Sinceramente no sé si será bueno o no, pero son versos que sí que son más que un poema. Son, literalmente, un trozo de alma. Todos tenemos un poema como éste escrito o por escribir.
Que dejes tu huella es una felicidad, compañero. Siempre.
Un abrazo fuerte.
 
Curiosamente, cuando un poema es bueno, a veces se necesita una re lectura, un repaso, no dos ni tres veces, muchas más... para sentir lo que está escrito o intentar acercarse al sentimiento del escribidor.

La narración es clara y vívida, el final apabullante que conecta con la primera linea, muy bueno!

Saludos Cordiales

Giovanni
 

LA INSALVABLE TRISTEZA

Maldigo el recuerdo de la mirada de mi padre
tan llena de insalvable tristeza
al montar en aquel taxi.
Cómo llovía aquella noche…...
Con nerviosa torpeza quiso bajar la ventanilla,
pero no pudo;
y mientras el taxi arrancaba se giró
anclándose su mirada en mí, para siempre,
hasta perderse entre la niebla ambarina de las farolas.

Desde entonces no soporto el llanto, ni el otoño.
Hay recuerdos que el tiempo no cura,
los infecta de porqués y los agrava.
¡A la ventana que mediaba entre nosotros le tocaba estar translúcida!,
no era necesaria tanta crudeza, pues ya lo había comprendido todo.

Maldita sea aquella calle
y el implacable siseo de la lluvia
confinada entre las farolas y el piso negro;
¿es que el puto sumidero se tragaba el aire que me faltaba?

Y entre tanto, la indiferencia de la belleza,
que seguía su camino…:

el baile postrero de unas hojas de acacia entre el rojo y el verde del semáforo—.
Verde verdemar como sus ojos…...

Y después… corrí, corrí mucho.
Necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando o tirándome al sucio puerto.

Buscaba a los responsables
bramando al cielo de aquella madrugada indolente,
y no paraba de llover….
Fue la vez que menos aprecio tuve a la vida.

Amanecí desnudo
en el rellano de la escalera
con el rostro pegado al mármol,
légamo ácido, tequila y barro;
y sangre, había sangre también.
Lo había vomitado todo… salvo mi tristeza.

—¡¿Qué haces aquí tirado en pelotas?!,
han pasado tus padres por casa.
Eres un jodido impresentable, compañero,
¡y un puto borracho!—


Nadie supo que aquella tarde había comprendido
que mi padre iba a morir.




~ Kalkbadan ~
Madrid, abril 2013




Ahora comprendo más tu comentario a un poema que yo le hice a mi madre.
Hay momentos que se quedan grabados en algún lugar tan profundo, que parece que nunca uno pudiera volver a respirar como antes de que acontecieran.
Has descrito paso a paso tantas emociones y tan intensas que he podido sentir ese dolor de nuevo, revivir...

Ahora me agarro a la vida que nos fue dada, al amor con el que nos hicieron parte de ellos, a parir su muerte como ellos parieron nuestra vida, con dolor y un inmenso amor.

Y por hoy me retiro, voy a recordar la inmensidad de tu poema a través de la inmensidad de mis vacíos y del vacío de mis plenitudes.
Un gran abrazo con cariño.

Palmira
 

LA INSALVABLE TRISTEZA

Maldigo el recuerdo de la mirada de mi padre
tan llena de insalvable tristeza
al montar en aquel taxi.
Cómo llovía aquella noche...
Con nerviosa torpeza quiso bajar la ventanilla,
pero no pudo;
y mientras el taxi arrancaba se giró
anclándose su mirada en mí, para siempre,
hasta perderse entre la niebla ambarina de las farolas.

Desde entonces no soporto el llanto, ni el otoño.
Hay recuerdos que el tiempo no cura,
los infecta de porqués y los agrava.
¡A la ventana que mediaba entre nosotros le tocaba estar translúcida!,
no era necesaria tanta crudeza,
pues ya lo había comprendido todo.

Maldita sea aquella calle
y el implacable siseo de la lluvia
confinada entre las farolas y el piso negro;
¡y el puto sumidero que se tragaba el aire que me faltaba!

Y entretanto, la indiferencia de la belleza
que seguía su camino:

el baile postrero de unas hojas de acacia entre el rojo y el verde del semáforo.
Verde verdemar como sus ojos...

Y después corrí, corrí mucho.
Necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando o tirándome al sucio puerto.

Buscaba a los responsables
bramando al cielo de aquella madrugada indolente,
y no paraba de llover.
Fue la vez que menos aprecio tuve a la vida.

Amanecí desnudo
en el rellano de la escalera
con el rostro pegado al mármol,
légamo ácido, tequila y barro;
y sangre, había sangre también.
Lo había vomitado todo… salvo mi tristeza.

¡¿Qué haces aquí tirado en pelotas?!,
han pasado tus padres por casa.
Eres un jodido impresentable, compañero,
¡y un puto borracho!


Nadie supo que aquella tarde había comprendido
que mi padre iba a morir.




~ Kalkbadan ~
Madrid, abril 2013



¡Qué maravilla!
Hay poemas que son para siempre y poetas que son buenos hagan lo que hagan, tú perteneces a ese grupo. No se como vine a parar aquí, siempre huí del realismo, quizás porque he estado en ese realismo hasta el cuello, cuesta hablar de lo que duele tanto y desde niña aprendí a volar fuera del encierro.
En estos días en que finjo una alegría que no siento cuando los míos me llaman por vídeo llamada, he sentido que por suerte mis padres se libraron de de toda esta tristeza que nos asola, bastante luchas cargaron en su existencia.
Todo el poema es desgarrador, pero esta parte me ha recordando instantes de mi existencia en que todo lloraba dentro de mi, en que creía que el mundo entero tenía que sentir mi pena, y no comprendía
la indiferencia de la belleza.

Y entretanto, la indiferencia de la belleza
que seguía su camino:

el baile postrero de unas hojas de acacia entre el rojo y el verde del semáforo.
Verde verdemar como sus ojos...

Y después corrí, corrí mucho.
Necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando o tirándome al sucio puerto.

Nunca fui de correr, mas bien de senderos, mientras caminaba me detenía a contemplar lo que me rodeaba, como lo hacen los niños que cualquier cosa atrae su atención, pasaban a mi lado los corredores y me preguntaba por qué corrían, ahora siento que si salgo de aquí seré un corredor más, sobretodo porque en el realismo no se puede volar, solo correr y correr, libres al fin.


Gracias por dejarnos esta conmovedora joya.
Un abrazo con afecto y toda mi admiración, no sabes como me alegra que sigas con nosotros también en la clásica.
Isabel
 
Última edición:
¡Qué maravilla!
Hay poemas que son para siempre y poetas que son buenos hagan lo que hagan, tú perteneces a ese grupo. No se como vine a parar aquí, siempre huí del realismo, quizás porque he estado en ese realismo hasta el cuello, cuesta hablar de lo que duele tanto y desde niña aprendí a volar fuera del encierro.
En estos días en que finjo una alegría que no siento cuando los míos me llaman por vídeo llamada, he sentido que por suerte mis padres se libraron de de toda esta tristeza que nos asola, bastante luchas cargaron en su existencia.
Todo el poema es desgarrador, pero esta parte me ha recordando instantes de mi existencia en que todo lloraba dentro de mi, en que creía que el mundo entero tenía que sentir mi pena, y no comprendía
la indiferencia de la belleza.

Y entretanto, la indiferencia de la belleza
que seguía su camino:

el baile postrero de unas hojas de acacia entre el rojo y el verde del semáforo.
Verde verdemar como sus ojos...

Y después corrí, corrí mucho.
Necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando o tirándome al sucio puerto.

Nunca fui de correr, mas bien de senderos, mientras caminaba me detenía a contemplar lo que me rodeaba, como lo hacen los niños que cualquier cosa atrae su atención, pasaban a mi lado los corredores y me preguntaba por qué corrían, ahora siento que si salgo de aquí seré un corredor más, sobretodo porque en el realismo no se puede volar, solo correr y correr, libres al fin.


Gracias por dejarnos esta conmovedora joya.
Un abrazo con afecto y toda mi admiración, no sabes como me alegra que sigas con nosotros también en la clásica.
Isabel
Gracias a ti por este conmovedor comentario. Gracias de corazón.
Ya sabes, querida Isabel, que nuestra fibra sensible siempre tuvo el mismo punto de fuga.
Un abrazo enorme, poeta.
 

LA INSALVABLE TRISTEZA

Maldigo el recuerdo de la mirada de mi padre
tan llena de insalvable tristeza
al montar en aquel taxi.
Cómo llovía aquella noche...
Con nerviosa torpeza quiso bajar la ventanilla,
pero no pudo;
y mientras el taxi arrancaba se giró
anclándose su mirada en mí, para siempre,
hasta perderse entre la niebla ambarina de las farolas.

Desde entonces no soporto el llanto, ni el otoño.
Hay recuerdos que el tiempo no cura,
los infecta de porqués y los agrava.
¡A la ventana que mediaba entre nosotros le tocaba estar translúcida!,
no era necesaria tanta crudeza,
pues ya lo había comprendido todo.

Maldita sea aquella calle
y el implacable siseo de la lluvia
confinada entre las farolas y el piso negro;
¡y el puto sumidero que se tragaba el aire que me faltaba!

Y entretanto, la indiferencia de la belleza
que seguía su camino:

el baile postrero de unas hojas de acacia entre el rojo y el verde del semáforo.
Verde verdemar como sus ojos...

Y después corrí, corrí mucho.
Necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando o tirándome al sucio puerto.

Buscaba a los responsables
bramando al cielo de aquella madrugada indolente,
y no paraba de llover.
Fue la vez que menos aprecio tuve a la vida.

Amanecí desnudo
en el rellano de la escalera
con el rostro pegado al mármol,
légamo ácido, tequila y barro;
y sangre, había sangre también.
Lo había vomitado todo salvo mi tristeza.

¡¿Qué haces aquí tirado en pelotas?!,
han pasado tus padres por casa.
Eres un jodido impresentable, compañero,
¡y un puto borracho!


Nadie supo que aquella tarde había comprendido
que mi padre iba a morir.




~ Kalkbadan ~
Madrid, abril 2013



Hay nudos del alma, de la garganta que desatan y se vuelven llanto, lluvia y poemazos como este...
Imposible evitar las lágrimas.
Saludos.
 

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