Anne_
I killed Bukowski.
Solía coser mis zapatillas, después falsifiqué
la firma de mis padres para trabajar en una gasolinera,
toda mi ciencia, fue aprender de teleoperadores telefónicos,
y caminos más desiertos.
Se suponía que sería el orgullo de mis padres,
abogada, doctora, congresista. Un día mataron a Jesús,
y me abandonaron bajo la luna, como se abandonan las penas.
Una vez jugué a los superhéroes, y fui mi propia villana.
Caminaba cerca de las iglesias, y aprendí
que la gente buena sólo quiere que te salves.
Nunca tuve olmos, y mi abuela me jalaba del brazo,
ella murió de demencia.
Aprendí entonces, que la luz del día,
es la última oportunidad antes de dormir,
y quizá no volver a despertar.
Patee muchas latas, nunca tuve un perro, de cosas nuevas,
encontré que podía ser un producto,
también que la heroína seca los dientes.
La luces del día fueron mis esperanzas
de encontrarme un millón de dólares,
y comprarme un gran cañón para dispararme a la luna,
y desde ahí ayudar a las niñas echadas de casa,
a tener siempre una navaja entre las medias.
Nada te prepara para morir,
porque la vida es lo único que conocemos.
Cuando me arrestaron, les hablé de mis poemas
y mis sueños, y sólo jalaron mi cabello y se burlaron.
Siempre me quedaba a un lado
viendo marchar a los pobres, a los marginados,
a los creyentes, a los comunistas, anarquistas y capitalistas.
Nadie se detuvo a ver mi marcha.
Conocí el amor y lo salvé de morir ese día,
luego me amó, y yo lo amé, y murió otro día.
Desde entonces y ahora, voy al super por tomates
y detergentes, y me pagan por charlar.
Y cuando llega el día de su muerte,
me arropo solita frente a la tele,
y sueño que todas las niñas echadas de casa,
ahora por fin tienen una navaja entre las medias.
Conocí el amor y lo salvé de morir ese día,
luego me amó, y yo lo amé, y murió otro día.
Ahora lo amo, y sé que moriré un día.
la firma de mis padres para trabajar en una gasolinera,
toda mi ciencia, fue aprender de teleoperadores telefónicos,
y caminos más desiertos.
Se suponía que sería el orgullo de mis padres,
abogada, doctora, congresista. Un día mataron a Jesús,
y me abandonaron bajo la luna, como se abandonan las penas.
Una vez jugué a los superhéroes, y fui mi propia villana.
Caminaba cerca de las iglesias, y aprendí
que la gente buena sólo quiere que te salves.
Nunca tuve olmos, y mi abuela me jalaba del brazo,
ella murió de demencia.
Aprendí entonces, que la luz del día,
es la última oportunidad antes de dormir,
y quizá no volver a despertar.
Patee muchas latas, nunca tuve un perro, de cosas nuevas,
encontré que podía ser un producto,
también que la heroína seca los dientes.
La luces del día fueron mis esperanzas
de encontrarme un millón de dólares,
y comprarme un gran cañón para dispararme a la luna,
y desde ahí ayudar a las niñas echadas de casa,
a tener siempre una navaja entre las medias.
Nada te prepara para morir,
porque la vida es lo único que conocemos.
Cuando me arrestaron, les hablé de mis poemas
y mis sueños, y sólo jalaron mi cabello y se burlaron.
Siempre me quedaba a un lado
viendo marchar a los pobres, a los marginados,
a los creyentes, a los comunistas, anarquistas y capitalistas.
Nadie se detuvo a ver mi marcha.
Conocí el amor y lo salvé de morir ese día,
luego me amó, y yo lo amé, y murió otro día.
Desde entonces y ahora, voy al super por tomates
y detergentes, y me pagan por charlar.
Y cuando llega el día de su muerte,
me arropo solita frente a la tele,
y sueño que todas las niñas echadas de casa,
ahora por fin tienen una navaja entre las medias.
Conocí el amor y lo salvé de morir ese día,
luego me amó, y yo lo amé, y murió otro día.
Ahora lo amo, y sé que moriré un día.