Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Los nuevos ídolos
contemplan el mundo con ojos raquíticos
desde la crucifixión de sus tronos;
con toda la violencia de la enfermedad
vomitada y conservada en sus cuencas,
disecada.
Tienen labios de insecto cebado a base de médula ósea
que ha ido royendo los huesos
y afilándolos
para hacer de los ídolos sus iguales.
Congregaciones inmensas los rodean,
y tienen esa misma mirada temblorosa
y esos mismos rasgos de insecto.
Sus cuerpos están tan atiborrados de pastillas
que el organismo,
lejos de asimilarlas,
las incorpora a su estructura
en forma de protuberancias bajo la piel.
Monstruos recién nacidos
que han sido bautizados con la enajenación.
Lamen los pies de los ídolos,
erosionando a picotazos esa piel de pergamino y marfil.
Se alimentan de ellos,
y sin darse cuenta,
lo que cae de los dioses moribundos es lo único que comen.
¡Y así sorben sus escamas,
su bilis
y sus dientes quebradizos!
Hasta que en ellos mismos cala la enfermedad,
y mueren de adoración sin saberse caníbales.
contemplan el mundo con ojos raquíticos
desde la crucifixión de sus tronos;
con toda la violencia de la enfermedad
vomitada y conservada en sus cuencas,
disecada.
Tienen labios de insecto cebado a base de médula ósea
que ha ido royendo los huesos
y afilándolos
para hacer de los ídolos sus iguales.
Congregaciones inmensas los rodean,
y tienen esa misma mirada temblorosa
y esos mismos rasgos de insecto.
Sus cuerpos están tan atiborrados de pastillas
que el organismo,
lejos de asimilarlas,
las incorpora a su estructura
en forma de protuberancias bajo la piel.
Monstruos recién nacidos
que han sido bautizados con la enajenación.
Lamen los pies de los ídolos,
erosionando a picotazos esa piel de pergamino y marfil.
Se alimentan de ellos,
y sin darse cuenta,
lo que cae de los dioses moribundos es lo único que comen.
¡Y así sorben sus escamas,
su bilis
y sus dientes quebradizos!
Hasta que en ellos mismos cala la enfermedad,
y mueren de adoración sin saberse caníbales.