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A veces no hay título

Évano

Libre, sin dioses.
Dicen que no muestre sol,
que no describa su luz
sobre la cresta de la ola;
sino que sea titilo
que chispea entre los ojos
cuando miras a la estela
de las olas hasta el fin.

Dicen que debo sentir
sal en la boca, y la brisa
enredárseme desnuda
en mi silueta que nada
bajo la tarde templada
hasta el final de la estela.

Dicen que al arribar caes
por las cataratas tuyas.
Vuelo sin alas que abraza
las olas del mar que van
contigo al final del sueño.

Dicen, lo nombran quietud,
remanso del universo,
las orillas del espacio,
sombra, silencio, susurro,
ese olor que nos aviene
desde no sabemos cuándo.

Dicen que no te haga ver,
sino que te dé mis ojos
para que seas momento,
esa otra historia, y comprendas
por qué una silla de ruedas
enfrentada al estío
de tu jardín de geriátrico
puede ser sol sobre olas,
una cresta que nos titila
como lágrimas y ojos;
que puede ser el final
del mar cayendo al remanso
de una orilla de universo,
donde tu sombra es silencio
retornando a ese susurro
que huele a niñez y a madre.
 
A veces no hay titulo ni mucho que decir,
se queda uno así quieto y mirando
y no sale nada.

supongo que editaré,
y vendré a decirte que imagines, tú que tienes mucha imaginación
y que pienses que la silla de ruedas es una mecedora
una mecedora grande y bonita,
de esas de caña y mimbre
fabricadas en centroamérica o en otro bonito lugar,

cuando arrastres la silla piensa que la meces mientras te cuenta una bonita historia
una de esas que te dejaba boquiabierto cuando eras un niño
o piensa en cuando tirabas el mandilón del cole
y al llegar a casa te esperaba una regañina

o piensa en algo que te haga sonreir,
mientras imaginas esa mecedora.
Igual ella en esos momento en que crees que está ausente
está pensando y recordando lo mismo que tú.

Me inspiré en una poema que escribí hace tiempo, nunca llegué a poder comprarle una mecedora,
porque nunca se hizo mayor.

un beso


.
 
Última edición:
A veces no hay titulo ni mucho que decir,
se queda uno así quieto y mirando
y no sale nada.

supongo que editaré,
y vendré a decirte que imagines, tú que tienes mucha imaginación
y que pienses que la silla de ruedas es una mecedora
una mecedora grande y bonita,
de esas de caña y mimbre
fabricadas en centroamérica o en otro bonito lugar,

cuando arrastres la silla piensa que la meces mientras te cuenta una bonita historia
una de esas que te dejaba boquiabierto cuando eras un niño
o piensa en cuando tirabas el mandilón del cole
y al llegar a casa te esperaba una regañina

o piensa en algo que te haga sonreir,
mientras imaginas esa mecedora.
Igual ella en esos momento en que crees que está ausente
está pensando y recordando lo mismo que tú.

Me inspiré en una poema que escribí hace tiempo, nunca llegué a poder comprarle una mecedora,
porque nunca se hizo mayor.

un beso


.


Gracias Elenita. Por estas letras que son tan buenas como las mías.

Me quedo con el beso, pero no te acostumbres.
 
Precioso, señor Vicente. Últimamente sus musas están que se salen, cuénteme que las ha dicho, o qué las ha dado, jajja.

Un abrazo amigo.
 
Dicen que no muestre sol,
que no describa su luz
sobre la cresta de la ola;
sino que sea titilo
que chispea entre los ojos
cuando miras a la estela
de las olas hasta el fin.

Dicen que debo sentir
sal en la boca, y la brisa
enredárseme desnuda
en mi silueta que nada
bajo la tarde templada
hasta el final de la estela.

Dicen que al arribar caes
por las cataratas tuyas.
Vuelo sin alas que abraza
las olas del mar que van
contigo al final del sueño.

Dicen, lo nombran quietud,
remanso del universo,
las orillas del espacio,
sombra, silencio, susurro,
ese olor que nos aviene
desde no sabemos cuándo.

Dicen que no te haga ver,
sino que te dé mis ojos
para que seas momento,
esa otra historia, y comprendas
por qué una silla de ruedas
enfrentada al estío
de tu jardín de geriátrico
puede ser sol sobre olas,
una cresta que nos titila
como lágrimas y ojos;
que puede ser el final
del mar cayendo al remanso
de una orilla de universo,
donde tu sombra es silencio
retornando a ese susurro
que huele a niñez y a madre.
Dicen y dicen, deslumbrante obra en un ramillete de vertigos
que son dudas para el sacrificio expresado. no se necesita
titulo mas bien elevar el alza de la lectura y pensar que
eres un brujo indomito. felicidades. luzyabsenta
 
No es necesario un título, señor Évano,si dejamos hablar a la poesía.
Hoy sólo dejo una pequeña huella y un fuerte abrazo, pero volveré,
me voy emocionada...

Gracias Rosario por emocionarte por unos versos míos.

Un abrazo, compañera.

Dicen y dicen, deslumbrante obra en un ramillete de vertigos
que son dudas para el sacrificio expresado. no se necesita
titulo mas bien elevar el alza de la lectura y pensar que
eres un brujo indomito. felicidades. luzyabsenta

De corazón le digo que sus comentarios me encantan, son frescos y espontáneos.

Gracias compañero.

Hermoso, sensible y sobrecogedor querido amigo...
Un gusto leerte...te abrazo con todo mi cariño...
Nancy

Gracias Nancy, me quedo ese abrazo y te mando otro.

ME HA ENCANTADO, MUY BUENO SIN DUDA

UN ABRAZO FUERTE

Muchas gracias, Francisco (echo de menos al señor Gayo, ¡qué tiempos!

Fuerte abrazo, amigo.
 
Dicen que no muestre sol,
que no describa su luz
sobre la cresta de la ola;
sino que sea titilo
que chispea entre los ojos
cuando miras a la estela
de las olas hasta el fin.

Dicen que debo sentir
sal en la boca, y la brisa
enredárseme desnuda
en mi silueta que nada
bajo la tarde templada
hasta el final de la estela.

Dicen que al arribar caes
por las cataratas tuyas.
Vuelo sin alas que abraza
las olas del mar que van
contigo al final del sueño.

Dicen, lo nombran quietud,
remanso del universo,
las orillas del espacio,
sombra, silencio, susurro,
ese olor que nos aviene
desde no sabemos cuándo.

Dicen que no te haga ver,
sino que te dé mis ojos
para que seas momento,
esa otra historia, y comprendas
por qué una silla de ruedas
enfrentada al estío
de tu jardín de geriátrico
puede ser sol sobre olas,
una cresta que nos titila
como lágrimas y ojos;
que puede ser el final
del mar cayendo al remanso
de una orilla de universo,
donde tu sombra es silencio
retornando a ese susurro
que huele a niñez y a madre.

Que hermosa poética Évano, tiempo tenía que no te leía y de lo que me había perdido. Saludos poeta
 
Dicen que no muestre sol,
que no describa su luz
sobre la cresta de la ola;
sino que sea titilo
que chispea entre los ojos
cuando miras a la estela
de las olas hasta el fin.

Dicen que debo sentir
sal en la boca, y la brisa
enredárseme desnuda
en mi silueta que nada
bajo la tarde templada
hasta el final de la estela.

Dicen que al arribar caes
por las cataratas tuyas.
Vuelo sin alas que abraza
las olas del mar que van
contigo al final del sueño.

Dicen, lo nombran quietud,
remanso del universo,
las orillas del espacio,
sombra, silencio, susurro,
ese olor que nos aviene
desde no sabemos cuándo.

Dicen que no te haga ver,
sino que te dé mis ojos
para que seas momento,
esa otra historia, y comprendas
por qué una silla de ruedas
enfrentada al estío
de tu jardín de geriátrico
puede ser sol sobre olas,
una cresta que nos titila
como lágrimas y ojos;
que puede ser el final
del mar cayendo al remanso
de una orilla de universo,
donde tu sombra es silencio
retornando a ese susurro
que huele a niñez y a madre.
Melancólico, efectivamente, y yo añadiría, impactante, y desabrochante, sí, porque desabrocha la camisa de nuestra sensibilidad.
Cada cual se hará una idea, porque al contemplar una obra de arte, hay tantas interpretaciones como observadores haya.
A mí, me ha evocado un estado de senectud serena, inmóvil, contemplativa, y sufriente, por todo cuanto pudo ser y no fue, pero que a pesar del sufrimiento, no hay desesperación, sino aceptación y tranquilidad, dejándose arrullar por las olas del recuerdo, mirando un ocaso frío y, a la par, encendido, que se va diluyendo en un gris de bruma translúcida.
joooooooooooo, ya me hice otra de mis pelis en sunsurrún y technicolor, jajajajajajajajajajaja, pero, amigo mío, expreso las sensaciones que me produjeron tu poema.
Un fuerte abrazo, querido Vicente.
 
Dicen que no muestre sol,
que no describa su luz
sobre la cresta de la ola;
sino que sea titilo
que chispea entre los ojos
cuando miras a la estela
de las olas hasta el fin.

Dicen que debo sentir
sal en la boca, y la brisa
enredárseme desnuda
en mi silueta que nada
bajo la tarde templada
hasta el final de la estela.

Dicen que al arribar caes
por las cataratas tuyas.
Vuelo sin alas que abraza
las olas del mar que van
contigo al final del sueño.

Dicen, lo nombran quietud,
remanso del universo,
las orillas del espacio,
sombra, silencio, susurro,
ese olor que nos aviene
desde no sabemos cuándo.

Dicen que no te haga ver,
sino que te dé mis ojos
para que seas momento,
esa otra historia, y comprendas
por qué una silla de ruedas
enfrentada al estío
de tu jardín de geriátrico
puede ser sol sobre olas,
una cresta que nos titila
como lágrimas y ojos;
que puede ser el final
del mar cayendo al remanso
de una orilla de universo,
donde tu sombra es silencio
retornando a ese susurro
que huele a niñez y a madre.

Sombras de melancolía me caen al corazón al leer estas reflexivas palabras hechas poema. Me ha gustado pasar por tu poema. Saludos cariñosos.
 
Dicen que no muestre sol,
que no describa su luz
sobre la cresta de la ola;
sino que sea titilo
que chispea entre los ojos
cuando miras a la estela
de las olas hasta el fin.

Dicen que debo sentir
sal en la boca, y la brisa
enredárseme desnuda
en mi silueta que nada
bajo la tarde templada
hasta el final de la estela.

Dicen que al arribar caes
por las cataratas tuyas.
Vuelo sin alas que abraza
las olas del mar que van
contigo al final del sueño.

Dicen, lo nombran quietud,
remanso del universo,
las orillas del espacio,
sombra, silencio, susurro,
ese olor que nos aviene
desde no sabemos cuándo.

Dicen que no te haga ver,
sino que te dé mis ojos
para que seas momento,
esa otra historia, y comprendas
por qué una silla de ruedas
enfrentada al estío
de tu jardín de geriátrico
puede ser sol sobre olas,
una cresta que nos titila
como lágrimas y ojos;
que puede ser el final
del mar cayendo al remanso
de una orilla de universo,
donde tu sombra es silencio
retornando a ese susurro
que huele a niñez y a madre.
Muy bello, conmovedor y tierno, de ternura, un buen puñado de imaginativas imagenes recorren tus versos y conducen al lector a la estrofa final donde descubres la realidad del poema. Me ha gustado mucho amigo Ëvano, de hecho cuanto más te leo más me gusta tu poesía. Un abrazo. Paco.
 

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