Évano
Libre, sin dioses.
Dicen que no muestre sol,
que no describa su luz
sobre la cresta de la ola;
sino que sea titilo
que chispea entre los ojos
cuando miras a la estela
de las olas hasta el fin.
Dicen que debo sentir
sal en la boca, y la brisa
enredárseme desnuda
en mi silueta que nada
bajo la tarde templada
hasta el final de la estela.
Dicen que al arribar caes
por las cataratas tuyas.
Vuelo sin alas que abraza
las olas del mar que van
contigo al final del sueño.
Dicen, lo nombran quietud,
remanso del universo,
las orillas del espacio,
sombra, silencio, susurro,
ese olor que nos aviene
desde no sabemos cuándo.
Dicen que no te haga ver,
sino que te dé mis ojos
para que seas momento,
esa otra historia, y comprendas
por qué una silla de ruedas
enfrentada al estío
de tu jardín de geriátrico
puede ser sol sobre olas,
una cresta que nos titila
como lágrimas y ojos;
que puede ser el final
del mar cayendo al remanso
de una orilla de universo,
donde tu sombra es silencio
retornando a ese susurro
que huele a niñez y a madre.
que no describa su luz
sobre la cresta de la ola;
sino que sea titilo
que chispea entre los ojos
cuando miras a la estela
de las olas hasta el fin.
Dicen que debo sentir
sal en la boca, y la brisa
enredárseme desnuda
en mi silueta que nada
bajo la tarde templada
hasta el final de la estela.
Dicen que al arribar caes
por las cataratas tuyas.
Vuelo sin alas que abraza
las olas del mar que van
contigo al final del sueño.
Dicen, lo nombran quietud,
remanso del universo,
las orillas del espacio,
sombra, silencio, susurro,
ese olor que nos aviene
desde no sabemos cuándo.
Dicen que no te haga ver,
sino que te dé mis ojos
para que seas momento,
esa otra historia, y comprendas
por qué una silla de ruedas
enfrentada al estío
de tu jardín de geriátrico
puede ser sol sobre olas,
una cresta que nos titila
como lágrimas y ojos;
que puede ser el final
del mar cayendo al remanso
de una orilla de universo,
donde tu sombra es silencio
retornando a ese susurro
que huele a niñez y a madre.