Resurgen pidiendo justicia, aquellos cautivos amores, que perecieron a la mano de la inexperiencia, donde en la quietud de los pensamientos, heraldo, de añejas pasiones, tangibles como estas letras, lastiman mientras visten el blanco papel, y son engrandecidas ante los ojos equivocados, rimas degustadas en el anonimato, de aquel que transgrede la razón y hace de la hipocresía la sazón del error.
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