Évano
Libre, sin dioses.
Un timbre de jazmín abre la noche
mientras Walt Whitman me desnuda y muestra
cómo un claro de luna -que penetra
en hendiduras por la persiana a medio
cerrar- es una parte del mismo mundo
que habita en el espejo de la alcoba,
el mismo que recoge a mi otro ser.
Desnudo me sostiene el libro donde
Parafrasea Pedro León a Walt.
Es un Canto a mí mismo, melodía
que te canta a ti y que son tijeras
durmiendo en el armario de espejo
que solo se abre con llave de claro
de luna cuando tus dedos están
listos para cortar lo que te ata.
Son versos para liberarte, son
goma de borrar letras que nos ligan
al ser que desde el marco del cristal
nos dirige la vida y no nos deja
salir de vidrios ni del yo real.
yo desnudo, y el del vidrio
con las tijeras empieza
a cortar los hilos mientras
me digo que cada poro
de mi cuerpo es libertad.
Con luz de claro de luna,
el que entra por rendijas
de la persiana de la alcoba
y el que me lleva al espejo,
corto palabras del otro,
las vidas que no son mías,
los deseos de cualquiera,
la idea de un palmo de tierra
cuando la poseo toda ella.
Al del espejo le digo
que le amo, que seamos uno
y que se venga conmigo
para querernos los dos,
que esa es la única manera
para amar a los demás.
No somos hijos de nadie,
no somos padres de nadie
que nos quiera sujetar
con chantajes emocionales,
o no nos dé libertad,
absoluta libertad
para ser nosotros mismos.
Ahora espero al aire de veletas,
ser un choque de voz en piedra, eco
de pasos dados por mis propios pies
y también siseo de otros caminantes;
ser perro oliendo la pared; un gato
acechando en las ramas a los pájaros;
escarabajo vuelto bocarriba
en su vago intentar darse la vuelta
y a mis manos alzándolo a su vuelo;
ser latido de la mujer que quiero
o cómo duele un beso en nuestra frente;
ser lápiz mientras pinto una viñeta
o goma de borrar versos inútiles;
ser hoja y dedos al pasar página
mientras lleno el pulmón de lo que creo
que he comprendido, o lo que quise creer;
ser sendero, ir descalzo por la yerba
o ser un travesaño más, un raíl
del tren que nos viaja sin final;
saber cómo respira un cancerígeno
y cómo amar a un diablo no nos duele.
Nos dice Walt que cantes a ti mismo,
que tú y la vida son bellas como son,
con sus guerras y muertos, con sus pobres
y afortunados, con sus nos y síes.
Soy un ser abarcando universos,
me abarcan universos a su vez.
El momento que existe es este, no hay
ayer ni más. Todo es un tú inmortal.
mientras Walt Whitman me desnuda y muestra
cómo un claro de luna -que penetra
en hendiduras por la persiana a medio
cerrar- es una parte del mismo mundo
que habita en el espejo de la alcoba,
el mismo que recoge a mi otro ser.
Desnudo me sostiene el libro donde
Parafrasea Pedro León a Walt.
Es un Canto a mí mismo, melodía
que te canta a ti y que son tijeras
durmiendo en el armario de espejo
que solo se abre con llave de claro
de luna cuando tus dedos están
listos para cortar lo que te ata.
Son versos para liberarte, son
goma de borrar letras que nos ligan
al ser que desde el marco del cristal
nos dirige la vida y no nos deja
salir de vidrios ni del yo real.
yo desnudo, y el del vidrio
con las tijeras empieza
a cortar los hilos mientras
me digo que cada poro
de mi cuerpo es libertad.
Con luz de claro de luna,
el que entra por rendijas
de la persiana de la alcoba
y el que me lleva al espejo,
corto palabras del otro,
las vidas que no son mías,
los deseos de cualquiera,
la idea de un palmo de tierra
cuando la poseo toda ella.
Al del espejo le digo
que le amo, que seamos uno
y que se venga conmigo
para querernos los dos,
que esa es la única manera
para amar a los demás.
No somos hijos de nadie,
no somos padres de nadie
que nos quiera sujetar
con chantajes emocionales,
o no nos dé libertad,
absoluta libertad
para ser nosotros mismos.
Ahora espero al aire de veletas,
ser un choque de voz en piedra, eco
de pasos dados por mis propios pies
y también siseo de otros caminantes;
ser perro oliendo la pared; un gato
acechando en las ramas a los pájaros;
escarabajo vuelto bocarriba
en su vago intentar darse la vuelta
y a mis manos alzándolo a su vuelo;
ser latido de la mujer que quiero
o cómo duele un beso en nuestra frente;
ser lápiz mientras pinto una viñeta
o goma de borrar versos inútiles;
ser hoja y dedos al pasar página
mientras lleno el pulmón de lo que creo
que he comprendido, o lo que quise creer;
ser sendero, ir descalzo por la yerba
o ser un travesaño más, un raíl
del tren que nos viaja sin final;
saber cómo respira un cancerígeno
y cómo amar a un diablo no nos duele.
Nos dice Walt que cantes a ti mismo,
que tú y la vida son bellas como son,
con sus guerras y muertos, con sus pobres
y afortunados, con sus nos y síes.
Soy un ser abarcando universos,
me abarcan universos a su vez.
El momento que existe es este, no hay
ayer ni más. Todo es un tú inmortal.
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