Cetrero3
Poeta fiel al portal
Carta de un cetrero a una animalista.
Estimada animalista, yo amo y respeto demasiado la naturaleza y sus leyes como para imponerle las mías, si por estirparle la vida a una presa ( acto en sí nada desdeñable) soy tildado de asesino, imagino que un carnicero, cuyo oficio es puramente el de matador, que no cazador, será por lo bajo un despiadado asesino en serie.
Si de aplicar esos principios tan humanos y con una raíz tan Disney se trata, no comprendo que tengáis al frío y despiadado lobo de bandera, si le quitamos esa máscara de animal mítico y místico y lo miramos con esos dulces ojos vuestros, yo veo a la oscura parca con su sangrante guadaña galopando los montes al amparo de su confidente, la noche; Veo también en mis rapaces la frialdad del carnicero y su afilado acero... Veo luego a ese carnicero sacarse su ensangrentado delantal y cerrar la persiana, abrazar a sus hijos y besar a su mujer, y la confusión se me acumula, ¿será quizá, que no son las cosas ni tan blancas y puras ni tan sucias y oscuras?...
Sea lo que sea, estimada, yo arriesgaría mi preciada vida para salvar la tuya, y lucharía a capa y espada para que tu puedas seguir pensando que soy un asesino, porque lo que sí soy, te aseguro, es un ser humano muy humano.
Recibe un cálido saludo de quién no te quiere mal a pesar de no comprenderte.
Carles Coll
Estimada animalista, yo amo y respeto demasiado la naturaleza y sus leyes como para imponerle las mías, si por estirparle la vida a una presa ( acto en sí nada desdeñable) soy tildado de asesino, imagino que un carnicero, cuyo oficio es puramente el de matador, que no cazador, será por lo bajo un despiadado asesino en serie.
Si de aplicar esos principios tan humanos y con una raíz tan Disney se trata, no comprendo que tengáis al frío y despiadado lobo de bandera, si le quitamos esa máscara de animal mítico y místico y lo miramos con esos dulces ojos vuestros, yo veo a la oscura parca con su sangrante guadaña galopando los montes al amparo de su confidente, la noche; Veo también en mis rapaces la frialdad del carnicero y su afilado acero... Veo luego a ese carnicero sacarse su ensangrentado delantal y cerrar la persiana, abrazar a sus hijos y besar a su mujer, y la confusión se me acumula, ¿será quizá, que no son las cosas ni tan blancas y puras ni tan sucias y oscuras?...
Sea lo que sea, estimada, yo arriesgaría mi preciada vida para salvar la tuya, y lucharía a capa y espada para que tu puedas seguir pensando que soy un asesino, porque lo que sí soy, te aseguro, es un ser humano muy humano.
Recibe un cálido saludo de quién no te quiere mal a pesar de no comprenderte.
Carles Coll
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