Faustgalen
Poeta recién llegado
Hay que hablar con el noble que nada espera,
Con un pie en el suicidio y su par en las estrellas,
Sentado en la ciénaga y contando cometas,
Con la cara pálida y labios exangües rodeado de miasmas,
¿Se ha visto alguna vez pupilas descomunales?
Polvo de cosmos observando el cosmos,
¡Mira!, ¡mira cómo va!...
¡Sin despedirse, rompiendo las cartas, se muda a diario y se niega a los vicios!
Los cuadros en las calles son el oficio y los empujones el mayor asco,
No saber si el reloj es el pulso, es el primer síntoma del mal.
Y mirarse las manos, con asombro, el segundo.
Una llamada espera, igual la puerta y el despertador de horas sin nada,
¡Vaya sonidos de mierda!... ¿no es preferible una bala fortuita?,
Hoy en día hay que ser médico, para no vomitar tanta vida,
Hay días en que mi alma se desprende del cuerpo,
Y vaga entre chimeneas vacías, con los pies descalzos, esperando el crepúsculo,
Entre montañas de techos que parecen campos de guerra,
¿Acaso no hay mayor apología del rechazo a los días?
Sentado, mirando mi cuerpo, y rezando en la dimensión de los muertos,
Esperando a ser arrastrado por la vida,
¡Esperando que se corte ese protervo, gordo y vil, cable plateado!
¿Escuchas el sonido del mar?,
Es el sonido antes del sueño,
La orquesta de mil demiurgos antes del caos,
Del caos de la noche y los poemas.
En verdad hay que estar loco para sucumbir en estos secretos,
¡Mira las ondas formadas luego de tirar la piedra en el lago!
¡Cada onda es un poema y el poeta se hunde con ellas!
¡Se hunde en la vastedad del silencio: casa de espíritus y apestados!
¡Panero, Cioran y Caraco juegan a las cartas en el infinito de no sé qué!
¿Y yo?... ¡sigo en esta mierda!
Con un pie en el suicidio y su par en las estrellas,
Sentado en la ciénaga y contando cometas,
Con la cara pálida y labios exangües rodeado de miasmas,
¿Se ha visto alguna vez pupilas descomunales?
Polvo de cosmos observando el cosmos,
¡Mira!, ¡mira cómo va!...
¡Sin despedirse, rompiendo las cartas, se muda a diario y se niega a los vicios!
Los cuadros en las calles son el oficio y los empujones el mayor asco,
No saber si el reloj es el pulso, es el primer síntoma del mal.
Y mirarse las manos, con asombro, el segundo.
Una llamada espera, igual la puerta y el despertador de horas sin nada,
¡Vaya sonidos de mierda!... ¿no es preferible una bala fortuita?,
Hoy en día hay que ser médico, para no vomitar tanta vida,
Hay días en que mi alma se desprende del cuerpo,
Y vaga entre chimeneas vacías, con los pies descalzos, esperando el crepúsculo,
Entre montañas de techos que parecen campos de guerra,
¿Acaso no hay mayor apología del rechazo a los días?
Sentado, mirando mi cuerpo, y rezando en la dimensión de los muertos,
Esperando a ser arrastrado por la vida,
¡Esperando que se corte ese protervo, gordo y vil, cable plateado!
¿Escuchas el sonido del mar?,
Es el sonido antes del sueño,
La orquesta de mil demiurgos antes del caos,
Del caos de la noche y los poemas.
En verdad hay que estar loco para sucumbir en estos secretos,
¡Mira las ondas formadas luego de tirar la piedra en el lago!
¡Cada onda es un poema y el poeta se hunde con ellas!
¡Se hunde en la vastedad del silencio: casa de espíritus y apestados!
¡Panero, Cioran y Caraco juegan a las cartas en el infinito de no sé qué!
¿Y yo?... ¡sigo en esta mierda!