Fingal
Poeta adicto al portal
Dicen que hay versos que no se escriben con las manos
ni con la boca, la mente, la sangre ni el alma.
No son tampoco los versos que roban las lágrimas...
Dicen que hay versos que calman la voz de los sabios.
Dicen que hay versos que retumban en el origen
donde universos y tiempos comprenden sus miedos,
donde los destinos ciegos sienten y padecen,
donde se acuerda en silencio la paz de los sueños.
Con celo y esmero los intentan los poetas,
con la verdad de la armonía de las palabras,
con el oficio del hambre en el vientre y la lengua,
con el aliento en la noche y mirada de estrellas.
En altares y templos los dioses los codician,
en la devoción agradecida y generosa,
en la infinitud de la plegaria enamorada,
en el sagrado descanso del fiel en su biblia.
Pero esos versos se mueven entre los abismos,
buscan y besan jirones de niño extraviado,
sanan el barro en sus ojos y el hierro en sus alas.
Dicen que hay versos que otorgan perdón de uno mismo.
Dicen que conceden la redención del recuerdo,
la herencia de vuelos de dragones y quimeras,
la certeza de la fábula resucitada.
Dicen que hay versos tan blandos que indultan el cielo.
Dicen que a veces adoptan figuras humanas
para escribirse caricia y ternura en los labios,
para narrar en su piel la piedad de los pueblos.
Dicen que hay versos que toman su nombre del alba.
Dicen que hay versos que calman la voz de los sabios...
Dicen que hay versos que otorgan perdón de uno mismo...
Dicen que hay versos tan blandos que indultan el cielo...
Dicen que hay versos...
y tú
te ríes y me los regalas.
Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas/Madrid, 4 de julio de 2016
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