Pasa su vida al son que marca el día
sumido en sus pesares y suspiros,
en el ensueño de nostalgia y pena
y son los movimientos
de su callada y rítmica armonía
quienes le rememoran su existencia.
Una larga avenida,
un sol de estío bruñe el cielo de oro,
camina a paso erguido,
y a cada paso, cientos de miradas...
y nada es para él,
a cada paso, brazos estrechados...
y nada es para él,
a cada paso, todos los recuerdos...
y todos son de él.
La calle está desierta,
bañada de rocío,
suena en la noche el eco de sus pasos,
en su tristeza, sombras amorosas
acompaña la luna
y de sus ojos claros, brotan lágrimas,
fuente de poesías.
De quien os hablo, vive esperanzado por hallar la semilla de la vida
para olvidar la pena y el olvido
dando fe bajo firma,
este corazón mío.
Luis
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