Anne_
I killed Bukowski.
¿Cuántas veces has imaginado que eres un ave?
No lo eres.
Ni del rocío cóncavo que suspende el aliento,
ni de las muchedumbres alternas que exordian
las columnas de la habitación.
Nada.
Podías haber tragado más meteoritos,
más súcubos, y millones de colores andróginos
flotando sobre las cienes de los aviadores ciegos,
y los predicadores mudos.
Nada.
A mí sólo me quedan caimanes en los intestinos,
horarios ambiguos, manos piececes
y aletas desuniformadas para correr entre mares de piedras,
para moler ideas y cambiar los canales de la tv.
Ni de los huracanes aciagos
sobrevuelan la suave y vana sombra.
Ni cada ozono de mis uñas desterradas
como letras encogidas
estrelladas contra el cactus que asoma
el gélido en mi ventana.
Nada.
No lo eres.
Ni del rocío cóncavo que suspende el aliento,
ni de las muchedumbres alternas que exordian
las columnas de la habitación.
Nada.
Podías haber tragado más meteoritos,
más súcubos, y millones de colores andróginos
flotando sobre las cienes de los aviadores ciegos,
y los predicadores mudos.
Nada.
A mí sólo me quedan caimanes en los intestinos,
horarios ambiguos, manos piececes
y aletas desuniformadas para correr entre mares de piedras,
para moler ideas y cambiar los canales de la tv.
Ni de los huracanes aciagos
sobrevuelan la suave y vana sombra.
Ni cada ozono de mis uñas desterradas
como letras encogidas
estrelladas contra el cactus que asoma
el gélido en mi ventana.
Nada.