Francisco de Torres
Poeta asiduo al portal
Me sobra el corazón
para echarlo sobre la tierra dormida,
y echar raíces sobre el mundo.
Me sobra el corazón,
para desenamorarme y extenderlo
sobre tus ojos crepusculares.
Ese corazón que nació conmigo,
en mí, con mi vida,
que se nutre de mi sangre,
que late acompasadamente
en un pecho florido de ausencias.
Me sobra el corazón,
por no amar al hombre,,
por no beber su sangre
de siglos insaciables,
de justicias resignadas,
de poder corrompido
que abofetea el rostro de los poderosos.
Me sobra el corazón,
para ponerlo debajo del zapato,
y pisar las corbatas ilustres
de aquellos que oprimen al hombre.
Me sobra el corazón,
en esta noche en que mi casa está vacía,
y cierro la llave para que no entre
el resentimiento, y cierro los ojos,
y sueño, y miró dentro de mí,
y palpo mi pecho,
y siento el latido de ese corazón
que me sobra,
que a pesar de sobrarme,
quiere latir conmigo.
para echarlo sobre la tierra dormida,
y echar raíces sobre el mundo.
Me sobra el corazón,
para desenamorarme y extenderlo
sobre tus ojos crepusculares.
Ese corazón que nació conmigo,
en mí, con mi vida,
que se nutre de mi sangre,
que late acompasadamente
en un pecho florido de ausencias.
Me sobra el corazón,
por no amar al hombre,,
por no beber su sangre
de siglos insaciables,
de justicias resignadas,
de poder corrompido
que abofetea el rostro de los poderosos.
Me sobra el corazón,
para ponerlo debajo del zapato,
y pisar las corbatas ilustres
de aquellos que oprimen al hombre.
Me sobra el corazón,
en esta noche en que mi casa está vacía,
y cierro la llave para que no entre
el resentimiento, y cierro los ojos,
y sueño, y miró dentro de mí,
y palpo mi pecho,
y siento el latido de ese corazón
que me sobra,
que a pesar de sobrarme,
quiere latir conmigo.