Álex Hernández
Poeta recién llegado
Tengo un hueco de vacío
atorado en los cristales
de la desesperación: tú.
Tengo una puta locura,
que no es tan loca, ni tan puta,
ni tan guerra ni tan tuya.
Nos quisimos mal.
Y en la aflicción
de querernos bien,
nos destruimos.
Nos quedaron dudas
y besos tardíos.
Nos sobraron piezas,
de este rompecabezas.
Dejamos de soñar
y el aire arrojo
nuestro recuerdo
como una hoja
que sopla el viento.
Me llene de alcohol,
y me deje de ti.
Disfrute del tabaco
de tus pecas, y el sabor
a frutas de tus piernas.
Mis días estuvieron llenos
de nada. Llenos, pero de mierda.
Y aun espero,
que entré tanta agua en el tejado,
nos volvamos lluvia en la inmensidad de la noche.
Tengo, pero no te tengo a ti.
Y para nada quería la felicidad,
si no estabas tú: mí casa.
— Álex Hernández. Sudando la tristeza.
atorado en los cristales
de la desesperación: tú.
Tengo una puta locura,
que no es tan loca, ni tan puta,
ni tan guerra ni tan tuya.
Nos quisimos mal.
Y en la aflicción
de querernos bien,
nos destruimos.
Nos quedaron dudas
y besos tardíos.
Nos sobraron piezas,
de este rompecabezas.
Dejamos de soñar
y el aire arrojo
nuestro recuerdo
como una hoja
que sopla el viento.
Me llene de alcohol,
y me deje de ti.
Disfrute del tabaco
de tus pecas, y el sabor
a frutas de tus piernas.
Mis días estuvieron llenos
de nada. Llenos, pero de mierda.
Y aun espero,
que entré tanta agua en el tejado,
nos volvamos lluvia en la inmensidad de la noche.
Tengo, pero no te tengo a ti.
Y para nada quería la felicidad,
si no estabas tú: mí casa.
— Álex Hernández. Sudando la tristeza.