jhon mario agamez castro
Poeta recién llegado
La oscuridad ha bañado
el espacio de rincón a rincón.
Los murmullos de demonios
yacen en el eco de la habitación
Aquellos pequeños pasos
se han vuelto a dilatar
en cada baldosa de esta desolación.
Ya no huele a mi silencio,
ni a sonrisas ni a perfumes,
ahora apesta a llanto y podredumbre.
Quien diría que a esta hora
Alumbraran unos levitanes ojos,
de esos que chupan almas;
justo ahora que estoy más solo.
En los cristales se reflejan
retorcidos cuerpos fenómenos y torturados.
Seguro ha sido el tiempo
quien los ha maltrato y castigado…
con tan diabólico tormento.
Solo, a esperas que desaparezca
Estos eternos segundos de calambres,
tiritantes sacudones de pavor;
tan impávida sensación y deseo de sangrar,
volverme una sombra acechante,
como estas otras que me quieren llevar.
el espacio de rincón a rincón.
Los murmullos de demonios
yacen en el eco de la habitación
Aquellos pequeños pasos
se han vuelto a dilatar
en cada baldosa de esta desolación.
Ya no huele a mi silencio,
ni a sonrisas ni a perfumes,
ahora apesta a llanto y podredumbre.
Quien diría que a esta hora
Alumbraran unos levitanes ojos,
de esos que chupan almas;
justo ahora que estoy más solo.
En los cristales se reflejan
retorcidos cuerpos fenómenos y torturados.
Seguro ha sido el tiempo
quien los ha maltrato y castigado…
con tan diabólico tormento.
Solo, a esperas que desaparezca
Estos eternos segundos de calambres,
tiritantes sacudones de pavor;
tan impávida sensación y deseo de sangrar,
volverme una sombra acechante,
como estas otras que me quieren llevar.
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