Felipe Fuentes García
Poeta asiduo al portal
ACOTADAS ARENAS
Había la quietud entera del silencio
tendida en los pasillos del recinto,
alineadas moradas compartiendo
la tierra, erguidas
torres en un atávico deseo
de desahuciar lo efímero,
signos, cifras, borradas huellas,
crisálidas del tiempo y su memoria,
atalayas de gloria del lado del ocaso,
tímidos pétalos,
jacintos derribados, hierros rotos,
vetustos ocres -casi púrpura-
contra el pálido blanco
como abiertas venas en una
conflagración tardía de la sangre;
y el viento sordo de los ecos,
removidas cenizas,
su inconfundible aroma de hoja muerta
en la sonora corrupción del amarillo,
árido vértigo en el hondo
latir de la desolación.
Y erguido sobre el brillo
opaco de los mármoles,
el manto azul de la invasión solar:
el inmanente fuego
que purifica la esperanza.