Anne_
I killed Bukowski.
Me acerco a la ventana
y no tengo donde apoyar las manos,
pensaba en despertar a todos
barajando mis huesos.
Cuantas veces he sido un árbol,
sin verdes, sin nidos,
sin otoños persuasivos que peinen
mis primaveras artríticas,
sin vientos tartamudeando
entre los tarareos de las ancianas locas.
Ay de mi dios mío!
que sin pedir venir, me he quedado.
Y ahora deberé pagar el haber reído,
el haber soñado sueños insoñables,
las veces que peiné mi cabello después de fornicar,
el exceso de carbohidratos, los disparos,
las muertes que no maté,
las elecciones que no elegí,
los colmillos que guardé en mi mochila,
y las sombras arrugadas que cobijaron mi pasos en el desierto.
Los sueños deberían ser luz de luna,
pequeños trazos de acuarela sobre melodías épicas.
Todo parece domingos de papel.
La gente gorda crujiendo sus galletas integrales,
las niñas de las flores bajo la lluvia.
Un día estaré tan muerta,
como muerta pueda estar, y no habrá prueba
de que jamás fui un árbol,
sin otoños persuasivos que peinen
mis primaveras artríticas.
Y quizá entonces, vuelva a pensar
en despertar a todos,
barajando mis huesos.
y no tengo donde apoyar las manos,
pensaba en despertar a todos
barajando mis huesos.
Cuantas veces he sido un árbol,
sin verdes, sin nidos,
sin otoños persuasivos que peinen
mis primaveras artríticas,
sin vientos tartamudeando
entre los tarareos de las ancianas locas.
Ay de mi dios mío!
que sin pedir venir, me he quedado.
Y ahora deberé pagar el haber reído,
el haber soñado sueños insoñables,
las veces que peiné mi cabello después de fornicar,
el exceso de carbohidratos, los disparos,
las muertes que no maté,
las elecciones que no elegí,
los colmillos que guardé en mi mochila,
y las sombras arrugadas que cobijaron mi pasos en el desierto.
Los sueños deberían ser luz de luna,
pequeños trazos de acuarela sobre melodías épicas.
Todo parece domingos de papel.
La gente gorda crujiendo sus galletas integrales,
las niñas de las flores bajo la lluvia.
Un día estaré tan muerta,
como muerta pueda estar, y no habrá prueba
de que jamás fui un árbol,
sin otoños persuasivos que peinen
mis primaveras artríticas.
Y quizá entonces, vuelva a pensar
en despertar a todos,
barajando mis huesos.