TARDE GRIS
Poeta que considera el portal su segunda casa
Duele llevar a cuestas la sangre envuelta de pesar y de tristeza,
duele caminar llevando un pesado cuerpo a rastras, callado, en tinieblas.
Duele no saberte, duele recibir la puñalada de la indiferencia y
cargar con esa herida abierta.
Llegaste y conociste mi sentimiento claro, en mi gris tarde, en mi
blanco nombre…he descubierto mi vida, mi tiempo y mi ser.
Las magnolias de la entrada se han marchitado, van encaminando
su figura a las cenizas que vendrán de sus pétalos muertos.
No volveré, no seguiré anhelando tu alma, un pedacito que me dieras
en la habitación de tu corazón…en ese cabía, en ese podía vivir,
callada, feliz.
No quiero nombrarte, porque quise quererte mucho y lloraré,
lloraré cuando te deje mi enamorado silencio, cuando al despertar
renuncie a buscar tus huellas, tus pasos sin los ecos del amor
que de tu ser anhelé, y que como agua entre los dedos corre y
se marcha sin volver, dejando esa humedad en el llanto de mis
ojos claros que vislumbran vagamente con la neblina ingrata,
la nada.
Duele, porque me he equivocado contigo, fuiste ave de paso,
moneda sin retorno, vereda en la penumbra…un cerrado postigo.
Duele despedir la luz para cubrir las ventanas del gris eterno
que siempre ha acampado en la soledad funesta de mi alma.
Blanca N. García González
Tarde Gris
2016
duele caminar llevando un pesado cuerpo a rastras, callado, en tinieblas.
Duele no saberte, duele recibir la puñalada de la indiferencia y
cargar con esa herida abierta.
Llegaste y conociste mi sentimiento claro, en mi gris tarde, en mi
blanco nombre…he descubierto mi vida, mi tiempo y mi ser.
Las magnolias de la entrada se han marchitado, van encaminando
su figura a las cenizas que vendrán de sus pétalos muertos.
No volveré, no seguiré anhelando tu alma, un pedacito que me dieras
en la habitación de tu corazón…en ese cabía, en ese podía vivir,
callada, feliz.
No quiero nombrarte, porque quise quererte mucho y lloraré,
lloraré cuando te deje mi enamorado silencio, cuando al despertar
renuncie a buscar tus huellas, tus pasos sin los ecos del amor
que de tu ser anhelé, y que como agua entre los dedos corre y
se marcha sin volver, dejando esa humedad en el llanto de mis
ojos claros que vislumbran vagamente con la neblina ingrata,
la nada.
Duele, porque me he equivocado contigo, fuiste ave de paso,
moneda sin retorno, vereda en la penumbra…un cerrado postigo.
Duele despedir la luz para cubrir las ventanas del gris eterno
que siempre ha acampado en la soledad funesta de mi alma.
Blanca N. García González
Tarde Gris
2016
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